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Psicólogos Zaragoza - Centro Kaeru

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Psicólogos Zaragoza

Eugene Gendlin

Focusing

viernes, 20 de octubre de 2017


Decir que le amo no es suficiente. La palabra amor no lo abarca…ni siquiera araña la superficie..Yo le adoro. Le amo y le adoro.
-Rochelle

Esta entrada es un comentario-resumen del libro Women Who Love Men Who Kill, de Sheila Isenberg. Es un libro que trata sobre las mujeres que se enamoran y se casan con asesinos. Se trata de un libro un poco antiguo (1991) y hay que decir que no es un libro “científico” en el sentido de recopilar estudios serios en revistas con peer review pero es que hay muy poca investigación ortodoxa sobre este asunto, la mayoría es anecdótica (si algún lector tiene fuentes más rigurosas puede compartirlas en la sección de comentarios). Isenberg es una autora que investiga el tema por su cuenta entrevistando a docenas de mujeres casadas o enamoradas de asesinos (se limita a mujeres que inician relaciones con asesinos después de que han  sido condenados) así como a psiquiatras, psicólogos, abogados, policías, asistentes sociales, personal de prisiones, etc. Ella saca su conclusión de cómo son estas mujeres, que más adelante comentaremos (“pequeñas niñas perdidas”), con la que podemos o no estar de acuerdo pero cuenta una gran cantidad de experiencias y casos en el libro realmente interesantes.

El fenómeno

El fascinante fenómeno que Sheila estudia e intenta comprender es el conocido y relativamente frecuente caso de mujeres que se enamoran de asesinos confesos y condenados, de mujeres que se ponen en contacto voluntariamente con ellos, empiezan a visitarlos en prisión, se enamoran locamente y acaban casándose en muchos casos. Estamos hablando de presos condenados a cadena perpetua, a muerte, o a largas condenas y muchos de ellos sin posibilidad siquiera de libertad condicional.

Para que nos situemos bien voy a poner el ejemplo más extremo de los asesinos múltiples. Ted Bundy asesinó a treinta y un mujeres y niñas. Los estranguladores de Hillside, Kenneth Bianchi y Angelo Buono asesinaron a diez mujeres. John Wayne Gacy  estranguló a 33 hombres jóvenes y chicos. Richard Ramirez asesinó a catorce personas. David Berkowitz disparó a seis personas en Nueva York… Pues bien, todos estos asesinos múltiples, autores de los crímenes más bizarros, repulsivos e inhumanos han tenido por lo menos una mujer enamorada de ellos (Ted Bundy o Richard Chambers legiones de fans) y tres de ellos se casaron después de ser condenados por sus crímenes. Incluso el asesino de Martin Luther King, James Earl Ray, también encontró una esposa.

El criminalista francés Edmond Locard utilizó el término Enclitofilia para referirse a la atracción que algunas mujeres sienten por los criminales y muy especialmente por los asesinos o maltratados de mujeres. Hay que señalar que no existe, que sepamos, el mismo fenómeno en el caso de los hombres. No se conoce que los hombres tengan especial interés en mujeres encarceladas por asesinato, que se pongan en contacto con ellas, que las escriben por largos periodos y las visiten en la cárcel, etc.

Vamos a ver por partes cómo son estas mujeres, cómo son estos hombres y cómo es su relación, siempre según el testimonio de Isenberg. Por falta de espacio no podemos entrar en algunas de las historias que se cuentan en el libro, historias realmente increíbles, ejemplos de que la realidad supera a la ficción y, de hecho, muchas de estas historias han servido de inspiración a Hollywood para la realización de sendas películas.

Las mujeres

No hay un tipo uniforme de mujeres que se enamoren de asesinos. A lo largo del libro encontramos enfermeras, mujeres que han sido miembros de un jurado, abogadas que representaban a estos asesinos, asistentes sociales o incluso una filósofa. Pero en una mayoría si encontramos una serie de rasgos comunes. Se trata de mujeres criadas en hogares disfuncionales de clase social baja, con padres autoritarios, bebedores y maltratadores y madres pasivas, muchas veces depresivas y con ingresos hospitalarios. Otras veces los padres están ausentes y las madres son las autoritarias y en bastantes casos son de religión católica con una educación estricta represiva de la sexualidad. La mayoría de ellas se casan muy jóvenes (17-18 años) y tienen los hijos también muy jóvenes (estilo de vida cortoplacista). Sus primeros maridos suelen ser violentos, alcohólicos y abusadores sexual y emocionalmente. Muchas de ellas también consumen alcohol y drogas y una mayoría tienen trastornos de personalidad.

Son mujeres con poca autoestima y con un bajo concepto de sí mismas que buscan vincularse a figuras que para ellas son poderosas. Estas mujeres están actuando una fantasía y encuentran amor, pasión, romanticismo y compromiso donde la sociedad les dice que no deben buscarlo: con asesinos, con los señores de la muerte, los hombres que toman las vidas de otros. Ellas les encuentran sensibles, románticos, glamurosos y dignos de amor. No les asusta la muerte. Lo que otros encuentran repulsivo ellas lo encuentran deseable, quieren hablar con ellos, amarles y estar a su lado.

Otra característica de todas estas mujeres es la negación, la negación del crimen que su hombre cometió. Isenberg no ha encontrado prácticamente ninguna mujer que reconociera que su hombre era un asesino, que había matado a alguien pero que a pesar de eso ella le perdonaba. Siempre hay disculpas: que realmente no quería matar a la persona, que tuvo una vida desdichada, que el arma se disparó, fue un desafortunado accidente, fue en autodefensa, que él es una persona sensible e inteligente y que no pudo hacer eso…Y por supuesto consideran que la policía y el sistema judicial no le ha tratado con justicia y se embarcan en recursos y peleas judiciales continuas. 

Los asesinos

Ted Bundy
Los asesinos son también jóvenes de clases humildes, sin muchos estudios y con rasgos de personalidad psicopáticos que se manifiestan por conductas antisociales ya desde la niñez o la adolescencia. Consumen también tóxicos y muchos llevan una carrera que pasa por violencia, robos y atracos hasta acabar en el asesinato. 99% son narcisistas y emanan una gran seguridad en sí mismos. Las personalidades narcisistas, psicopáticas y maquiavélicas (la tríada oscura), dan la impresión de que las normas y las leyes no se aplican a ellos. Actúan de una manera segura y superior.  Estos hombres son auténticos imanes para las mujeres. Son manipuladores y seductores y enormemente carismáticos. Ellos creen en sí mismos y convencen a las mujeres influenciables para que crean en ellos también. Hay que tener en cuenta que tener una mujer es una gran beneficio para estos hombres si es que algún día quieren salir de la cárcel. Si están casados (y algunas de estas parejas tienen también hijos en común) tienen muchas más probabilidades de que se les conceda la libertad condicional porque están demostrando que son “normales”, hombres con una familia y un hogar al que ir cuando salgan de prisión.

Muchos de estos hombres son atractivos físicamente (en las imágenes tenéis fotos de Ted Bundy y  Robert Chambers a modo de ejemplo) y son hombres que han intentado mejorarse a sí mismos durante su estancia en prisión asistiendo a cursos o incluso estudiando carreras, alguno de ellos la carrera de derecho precisamente. Y tienen una cosa que las mujeres, todas las mujeres, valoran enormemente: saben escuchar. Estos hombres están interesados en embaucar a estas mujeres para su propios fines y les interesa conocerlas lo mejor posible. Además, tienen tiempo, no tienen nada mejor que hacer en prisión. Por eso las escuchan con toda la atención y esa capacidad de focalizarse en la otra persona, de escuchar realmente lo que está diciendo resulta enormemente atractivo a las mujeres. Los hombres presos están entre los mejores psicólogos del mundo porque pasan su vida (por necesidad) “leyendo” a las personas que están a su alrededor. Necesitan leer la mente de las otras personas, interpretar sus expresiones faciales, sus voces y su lenguaje corporal. Cuando un hombre se centra de esta manera en una mujer es a menudo la primera vez en la vida, para ellas, en la que nadie les ha prestado tal atención. Para ellos es pura supervivencia pero para ellas es un toque mágico, el amor de las novelas románticas, el contacto visual, ver que sigue con absoluto detalle cada una de las palabras que ella dice…

La relación

¿Cómo se conocen estas parejas? La mayoría de las veces las mujeres buscan activamente a estos hombres, bien porque han leído acerca de ellos en la prensa o les han visto en televisión o porque han visto anuncios de contactos en los que los presos piden mantener correspondencia con mujeres. Otras veces es por medio de conocidos  a los que acompañan a la cárcel porque tienen amigos o familiares en prisión y en otros casos es por contacto debido a una relación profesional: enfermeras, asistentes sociales, abogadas…

¿Qué hay del sexo? Bien, es una cuestión compleja. Es evidente que para un preso la posibilidad de tener relaciones sexuales con una mujer es un objetivo muy deseado. Pero en el momento en que se escribe este libro sólo nueve estados permiten visitas conyugales (hablo siempre de EEUU). Esto no impide que subrepticiamente mantengan relaciones en las salas de visitas, detrás de las máquinas expendedoras de comida, en bancos, en los servicios, de pies, sentados…Muchas veces las mujeres llevan faldas sin ropa interior para aprovechar el mínimo despiste o compasión de los guardias. John Money (el del caso Reimer) puso en circulación el término Hibristofilia, para referirse a la parafilia que consiste en sentirse excitado sexualmente por una persona que ha cometido un crimen terrible, como una violación o un asesinato. A diferencia de casi todas las demás parafilias que son más frecuentes en los hombres la hibristofilia es más frecuente en las mujeres.

De modo que sí, el sexo y la excitación sexual es un elemento presente en muchos casos pero, curiosamente, ninguna de las docenas de mujeres que entrevistó Isenberg tenían relaciones sexuales con sus parejas o maridos presos a pesar de años de relación. Lo que estas mujeres sienten es el amor más puro, pasional , obsesivo y romántico que pueda imaginarse. La mayoría de las veces es un flechazo a primer vista, caen como fulminadas por un rayo y su voluntad queda totalmente anulada. Simplemente sienten el amor más avasallador y obsesivo que se puede sentir y no pueden hacer más que dejarse llevar. La relación con el asesino se convierte en lo más importante en sus vidas, su razón para vivir, su sentido en la vida Para que nos hagamos una idea de hasta dónde llega la fuerza de este amor, muchas de estas mujeres tienen hijos y los abandonan y renuncian a ellos por estar cerca de sus amados. Dejan a los hijos con el marido o ex-marido o con otros familiares, dejan su trabajo, se trasladan de ciudad a cientos de kilómetros a veces para poder tener más cerca la cárcel, trabajan en dos o más trabajos para conseguir dinero para poner en marcha recursos legales para conseguir sacar a sus hombres de la cárcel. En definitiva dedican todo su tiempo, dinero y energía al asesino del que se han enamorado. Sacrifican absolutamente todo por esta relación. Y nunca, nunca jamás, serían infieles.

Muchas de estas mujeres han sufrido abusos sexuales, maltrato y en general han tenido malas experiencias sexuales. Pero con un asesino preso sienten que controlan la situación y que son poderosas. ¿Por qué? En algún sentido podemos decir que los asesinos son poderosos porque el asesinato es tener poder sobre la vida y la muerte. Pero estas mujeres al ser las que están libres son las que tienen poder sobre estos hombres así que es el poder del que controla al poderoso.  Tienen a su príncipe azul y a la vez éste no les puede hacer nada, nada malo, porque está bajo control. Isenberg plantea que para estas mujeres el sexo no es tan importante como el romance y algunas de ellos dijeron que su relación era feliz y exitosa precisamente porque no implicaba sexo. El hecho de que no haya sexo, convivencia diaria, ni las cosas habituales en el día a día de un matrimonio permite que  se mantenga la pasión, el romance, el enamoramiento. En las relaciones normales, con el tiempo, se va pasando del amor romántico a un amor más pausado, de “compañía” como se suele llamar. Pero en estos casos la relación no cambia y se mantiene eternamente en la fase de amor romántico. Los hombres prisioneros no decepcionan porque no se vive realmente con ellos.

Hay otro tema importante: el estigma que sufren estas mujeres, y aquí tenemos que hacer una distinción entre las mujeres que se enamoran de asesinos “normales” y las que se enamoran de asesinos múltiples. Las que se enamoran de asesinos típicos sufren el mismo estigma que sus parejas al estar asociadas a él. Es decir, sus familias las abandonan, sus amigos, sus hijos que no las entienden y las rechazan. Se convierten en unas parias. Sin embargo, los asesinos múltiples son celebridades y las mujeres que se casan con ellos pasan a ser celebridades también; salen en programas de televisión y los escritores y periodistas quieren entrevistarlas para que aparezcan en los libros y revistas que están escribiendo, por los que hasta sacan un beneficio económico de ello.

¿Y qué ocurre si estas parejas consiguen su sueño y el preso sale de la cárcel alguna vez y empiezan una vida en común? Hay que decir que esto ocurre muy pocas veces porque hablamos de penas a cadena perpetua que muchas veces no admiten la libertad condicional. Pero cuando ha ocurrido, en muchas ocasiones ha acabado en divorcio. No hay datos fiables pero de todas las mujeres que entrevistó Isenberg sólo en un caso hubo final feliz, un matrimonio feliz viviendo juntos. Y en algunos otros casos el asesino acabo matando a la mujer que le ayudó a salir de la cárcel y que tanto le amó y adoró.

@pitiklinov


miércoles, 18 de octubre de 2017

Nick Haslam publicó el año pasado un interesante artículo donde propone que conceptos psicológicos que se refieren a aspectos negativos de la experiencia humana han sufrido una expansión en su significado, un deslizamiento de concepto (concept creep), de manera que actualmente abarcan un mayor rango de fenómenos que antes. Esta expansión tiene dos formas: una expansión vertical y una expansión horizontal. En la expansión vertical el significado del concepto se hace menos riguroso, menos exigente, extendiéndose a variantes más leves que no entraban en la definición original. Por ejemplo, el concepto de trastorno mental ha sufrido una expansión vertical de manera que los criterios diagnósticos engloban fenómenos clínicos menos graves e incapacitantes. La expansión horizontal ocurre cuando el concepto se extiende a una nueva clase de fenómenos -cualitativamente diferente- o se aplica en un nuevo contexto. Por ejemplo, el concepto de refugiado se ha expandido para incluir a gente desplazada por catástrofes ambientales cuando antes se refería solo a personas desplazadas por conflictos.

Haslam analiza en su largo artículo seis conceptos: abuso, acoso (bullying), trauma, trastorno mental, adicción y prejuicio. Luego analiza los aspectos positivos y negativos de esta expansión de los conceptos psicológicos para tratar al final las posibles causas de este fenómeno. Cualquier explicación de esta expansión debe dar cuenta del hecho de que los cambios se dan en conceptos negativos y de que los cambios conceptuales implican expansión y no contracción. Para abreviar, yo voy a analizar sólo, a modo de ejemplo, el caso del trauma y pasaré después a la discusión y valoración de este hecho.

En un principio el concepto de trauma hacía referencia a heridas físicas (procede de la palabra griega para herida). Su causa era un suceso externo y sus efectos eran orgánicos aunque se podían manifestar con síntomas psicológicos. Este significado era el que estaba operativo en el DSM-I (1952) donde se habla de trastornos cerebrales asociados a traumas por lo que se refiere, resumiendo, a un agente físico que causa patología orgánica cerebral. En el DSM-III (1980) se produce un viraje y aparece el Trastorno por Estrés Post-traumático (TEPT) como trastorno mental. Según el manual diagnóstico, el TEPT es un conjunto de síntomas ligados a un acontecimiento traumático pero, a diferencia del DSM-I, estos síntomas  no se entienden como debidos a una herida orgánica en el cerebro sino a una herida psicológica en la mente. Esto sería una expansión horizontal.

Lo que se considera trauma, o acontecimiento traumático, ha ido cambiando con el tiempo. En el DSM-III se habla en uno de los criterios de un suceso que “originaría síntomas y malestar en casi todo el mundo” y se refiere a experiencias “fuera del rango de la experiencia humana habitual” que pueden causar heridas graves o muerte. Se refiere a violaciones, combates militares, desastres naturales, torturas, accidentes graves de tráfico…Por lo tanto, no entrarían en esta definición cosas como enfermedades crónicas, el duelo, pérdidas en los negocios o un conflicto de pareja. El DSM-III-R amplía esta definición para incluir traumas que sufren familiares o amigos, es decir, la exposición indirecta al trauma. El DSM-IV continúa incluyendo las exposiciones indirectas (p. ej. diagnóstico de enfermedad en un hijo…) y aumenta el énfasis en la subjetividad al introducir un nuevo criterio referido al estrés sufrido en respuesta a la exposición al agente traumático. Esta tendencia sería una expansión vertical.

En años recientes, expertos en trauma han propuesto incluir el parto, el acoso sexual, la infidelidad, el ser abandonado por el esposo o esposa o un cambio/pérdida del hogar. Estas extensiones se justifican porque estos sucesos dan lugar a síntomas de TEPT. Y para ver a dónde está llegando la cosa aquí tenemos una definición reciente de trauma, la de la U.S. Goverment´s Substance Abuse and Mental Health Services Administration:

“El trauma individual resulta de un evento, conjunto de eventos, o conjunto de circunstancias, que es experimentado por el individuo como emocionalmente perjudicial o amenazante y que tiene efectos duraderos adversos en el funcionamiento del individuo y en el bienestar físico, social, emocional o espiritual”

Es decir, el evento traumático ya no necesita ser un amenaza a la vida, ni estar fuera del rango de la experiencia humana normal, no tiene por qué crear malestar en casi cualquier persona. Sólo es necesario que la persona lo viva como perjudicial. Bajo esta definición el concepto se ha hecho mucho más amplio y mucho más subjetivo.

Vamos a dar por demostrado que en los otros cinco conceptos que analiza Haslam ocurre lo mismo que en el caso del trauma que hemos visto con un poco más de detalle. Por otra parte, la hipersensibilidad al daño es un fenómeno que no sólo ocurre con conceptos psicológicos sino que afecta a la vida cotidiana. En los años 50 en EEUU los niños podían jugar en la calle, ir en bicicleta a casa de un amigo y andar por ahí con tal de que llegaran a casa para la hora de cenar. Hoy en día los padres que permitan estas conductas en sus hijos pueden ser arrestados. Y en nuestro medio las cosas han cambiado también radicalmente. Resumiendo, se ha producido una sensibilidad aumentada a experiencias y conductas negativas, también se tienen más en cuenta daños por omisión, ya no por acción, y se ha ido aceptando cada vez más los criterios subjetivos para decidir si hay que aplicar un concepto. Como hemos visto con el trauma, si yo me siento traumatizado, he sufrido un trauma, aunque ese hecho objetivamente no sea de una intensidad como para producir trauma en otras personas.

Bien, hasta aquí la descripción de los hechos. Pero ahora viene la pregunta del millón: ¿Por qué está ocurriendo esto? Y aquí creo que el artículo de Haslam cojea bastante y no nos ofrece una respuesta satisfactoria, respuesta que tampoco es fácil encontrar en otra parte. Haslam propone dos hipótesis. La primera sería una explicación “darwinista” en el sentido de que unos conceptos psicológicos triunfan y se expanden más que otros, de la misma manera que unas especies tienen más éxito que otras. La segunda hipótesis se acerca más, a mi modo de ver, a la realidad del fenómeno. En ella Haslam abandona la psicología (los conceptos que él ha analizado son conceptos psicológicos) para salir al campo de las tendencias culturales en general y al campo de la moral. El fenómeno probablemente es más moral que psicológico. Haslam se apoya en las tendencias históricas que ha señalado Pinker donde se aprecia una disminución de la violencia en todos los aspectos de la vida. Pinker señala una mayor sensibilidad a nuevas formas de daño y una creciente repugnancia a la violencia.

La hipersensibilidad al daño se puede ver como una expansión del “círculo moral” (Peter Singer) y del pilar del daño según la teoría de los pilares morales fundamentales de Jonathan Haidt: se identifican más tipos de experiencias como perjudiciales y a más tipos de personas como perjudicadas, como víctimas que necesitan cuidado y protección. Las implicaciones pueden ser tanto positivas como negativas. Por un lado lo podemos ver como un “progreso moral”: nos ayuda a identificar formas de abuso o discriminación, que previamente eran toleradas, como inaceptables y podemos dar ayuda profesional a personas que tienen un sufrimiento que estaba siendo ignorado. 

Pero por otro lado, podemos aumentar el número de personas que se encasillan como víctimas y que pierden así su capacidad de ser agentes morales para ser sólo pacientes morales (teoría del encasillamiento de Gray y Wegner que propone que hay una relación inversa entre ser paciente moral y ser agente moral). Es decir, se define a las víctimas por su sufrimiento, vulnerabilidad e inocencia pero se disminuye su capacidad para salir de su situación por sus propios medios. La otra cara de la moneda es que se aumenta también el encasillamiento de los villanos morales, los abusadores, bullies o traumatizadores como únicos agentes morales.

Identificar la intimidación en el trabajo como acoso y combatirlo es un paso adelante para crear ambientes de trabajo más sanos y humanos, sin duda. Pero la extensión de la moral basada en el daño tiene también una cara oscura. Por un lado, la gente que sufre traumas, abusos sexuales o enfermedades graves puede pensar que se trivializa su sufrimiento cuando el concepto se diluye para abarcar acciones muy leves. Por otro lado, como decíamos, extender conceptos como enfermedad mental, adicción o trauma a experiencias más normales de la vida puede psiquiatrizar o psicologizar problemas de la vida y hacer que la gente los vea de forma más pesimista y se crea incapaz de superarlos por sí misma. También se corre el riesgo de ver a la psicología/psiquiatría como interesada en ampliar su campo de acción, en inflar los trastornos mentales en su propio beneficio y dar lugar a un sobrediagnóstico y sobretratamiento.

Por último, la dilución de los conceptos a formas cada vez más leves (agresión > microagresión > ¿nanoagresión?) y el énfasis en lo subjetivo nos puede llevar a una espiral o círculo vicioso moral que puede conducir a acusaciones injustificadas, a denuncias y pleitos legales y a un ambiente de cada vez mayor temor e inseguridad moral que afecte negativamente al ambiente en el que se desarrollan nuestras interacciones sociales. Desde luego que es un fenómeno digno de estudio.

@pitiklinov

Referencias:











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