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Psicólogos Zaragoza

Eugene Gendlin

Focusing

jueves, 21 de septiembre de 2017

Hablábamos en la entrada anterior de la epidemia moralista que recorre Occidente, de esa especie de Olimpiada moral en la que cada día hay que batir los récords morales del día anterior y decíamos que era un fenómeno digno de estudio. El artículo que voy a comentar en esta entrada creo que nos da cuando menos una explicación parcial de este fenómeno. Se trata de un artículo de Molly Crockett, una investigadora especializada en temas relacionados con la moralidad, que se titula como esta entrada. La indignación moral es una poderosa emoción que motiva a la gente para avergonzar y castigar a los que se portan mal. Tiene un lado positivo: aumentar la cooperación y controlar a los malos. Pero el castigo tiene también un lado negativo: empeora el conflicto social al deshumanizar a los otros y lleva a una escalada en las contiendas. La indignación moral es tan antigua como la civilización pero lo que Crockett  plantea es que los medios digitales, Internet y las redes sociales, han cambiado por completo la expresión de la indignación moral de tres maneras principales: a) exacerban la expresión de la indignación moral al inflar los estímulos que la desencadenan, b) reducen los costes de la expresión de la indignación moral, y c) amplifican los beneficios personales

Disparadores de la indignación moral

La gente se indigna cuando piensa que una norma moral ha sido violada. Pero en la vida diaria no se observan muchas violaciones de las normas. Un estudio en EEUU y Canadá encuentra que en menos del 5% de las experiencias de la vida diaria se experimenta o presencia un acto inmoral. Pero Internet nos expone a grandes cantidades de actos inmorales, desde las prácticas corruptas de Wall Street, al tráfico de niños en Asia o al genocidio en Africa y la lista sería interminable. El bombardeo de actos inmorales es continuo. Antes de Internet era el cotilleo el que extendía las noticias de las malas acciones pero su alcance era limitado. Hay estudios de que en Internet se comparten más las noticias que disparan emociones morales como la ira por lo que compartir ese tipo de material genera beneficios en el sentido de likes y retuits. 

Me voy a detener en un tema que toca Molly en este punto porque creo que es muy interesante, el de los estímulos supernormales porque es un concepto evolucionista muy potente que nos ayuda a entender muchas cosas de nuestra cultura. Está explicado en esta entrada pero lo resumo brevemente. Un estímulo supernormal es un estímulo artificial que exagera las características del estímulo natural haciéndolo irresistible y mucho más atractivo para el animal que el estímulo natural. Por ejemplo, a un ave que incuba huevos azules se le pone un huevo más grande y más azul y el ave se esfuerza por incubar el huevo artificial abandonando su propio huevo y sus crías. Un donuts de chocolate es un estímulo supernormal que exagera los rasgos dulces por los que nos sentimos atraídos de forma natural. Unos pechos de silicona son un estímulo supernormal y el programa Gran Hermano es un estímulo supernormal que sacia nuestro gran apetito por la información social. 

Lo que Molly plantea es que las redes sociales son estímulos supernormales para la indignación moral y disparan una indignación moral mayor de la que dispararían los estímulos de la vida diaria. No uso otras redes sociales aparte de Twitter pero está claro que a Twitter esta consideración de estímulo supernormal para la indignación moral le viene como anillo al dedo. Resumiendo, los medios digitales transforman la indignación moral al cambiar tanto la naturaleza como la prevalencia de los estímulos que la disparan

La experiencia y expresión de la indignación moral

La violación de las normas morales hace que la gente experimente indignación moral y la exprese vía cotilleo, culpabilización y castigo. Los medios digitales pueden alterar esta expresión de maneras contrapuestas. Por un lado, es posible que se produzca una fatiga  al estar expuesto continuamente a los estímulos de actos inmorales pero por otro lado, hay estudios de que dar rienda suelta a la ira engendra más ira, es decir, la expresión de indignación moral favorece la subsiguiente expresión de más indignación moral. Hacen falta más estudios para saber cuál de estas dos posibilidades predomina.

La gente exprese su indignación moral de diversas maneras según el esfuerzo que se requiera y las limitaciones que existan. En la vida real hay que cotillear o enfrentarse a los malos o incluso llegar a la agresión física, lo que implica riesgos. Pero en el mundo digital se puede expresar la ira tecleando una frases en un momento desde la comodidad de nuestra habitación. Por tanto, el umbral para expresar la ira es seguramente mucho más bajo que en el mundo real. Por otro lado, expresar la indignación en persona requiere una proximidad física, pero en Internet la expresión de la indignación no está limitada por la ubicación geográfica, la hora ni otras consideraciones. Un caso paradigmático es el de Justine Sacco

Esta facilidad plantea la intrigante posibilidad de que la gente pueda expresar indignación moral incluso sin sentirla, es decir, sin que experimenten realmente la indignación que su conducta en la red implica. Por supuesto, es también posible que  la gente busque simplemente señalar virtud ante los demás de forma interesada. Igual que hay gente que picotea continuamente sin tener hambre se podría expresar indignación moral sin sentirla. También se da otra circunstancia interesante y es que las recompensas en las redes (en forma de likes, retuits, etc.) ocurren de forma impredecible y es conocido que ese patrón  de refuerzo promueve las conductas adictivas

Costes y beneficios de la indignación moral

Como decíamos, la expresión de la indignación moral implica riesgos. En la vida real al castigar puede haber una retaliación pero en el mundo digital es diferente. La gente suele estar aislada en cámaras donde intercambia información principalmente con gente de su misma cuerda y además uno se pierde en la masa cuando son muchos los que muestran la indignación. 

Otro coste de la expresión de la indignación es el malestar empático: culpar y castigar a los demás implica hacer daño a otro ser humano lo que es desagradable para nosotros de forma natural. El mundo digital reduce este estrés al presentar a las personas  por iconos bidimensionales y así su sufrimiento es menos visible. Es más fácil castiga a un avatar que a alguien cuya cara y dolor estamos viendo personalmente.

A pesar de los costes, la gente está motivada para castigar. Una razón es que expresar indignación beneficia al sujeto ya que señala su calidad moral a los demás. El hecho de que uno está más dispuesto a castigar cuando otros están mirando indica una preocupación por la reputación que alimenta nuestro apetito por la indignación moral. Obviamente, las redes amplifican enormemente el efecto sobre la reputación porque en el mundo real sólo van a observar nuestra virtud unas pocas personas mientras que en Internet será toda la red social e incluso más allá. Un simple tuit puede llegar a millones de personas. 

Expresar indignación moral no sólo beneficia a los individuos sino que puede beneficiar a toda la sociedad al señalar a todo el mundo las conductas que son inaceptables. Pero los medios digitales limitan los beneficios potenciales de la indignación moral de varias maneras. Primero, la separación en cámaras que decíamos hace que el mensaje no llegue a las dianas deseadas y que cambien su conducta porque ellos están en otro submundo digital. Segundo, al bajar el umbral para la expresión de la indignación se puede perder la distinción entre lo meramente desagradable y lo realmente odioso. Tercero, expresar indignación on-line puede hacer que la gente se implique menos en las causas sociales en el mundo real, por ejemplo con donaciones o con voluntariados. 

Por último, existe el serio riesgo de que la indignación en la era digital profundice las divisiones. Un reciente estudio encuesta que el deseo de castigar a otros les hace menos que humanos, los deshumaniza. Por ello, si los medios digitales exacerban la indignación moral pueden aumentar la polarización social al deshumanizar a los del otro bando, a las dianas de nuestra indignación. La polarización está aumentando a un ritmo alarmante en EEUU y en muchos otros lugares con una disminución asociada en la confianza. Si los medios digitales aceleran este proceso, corremos un gran riesgo si lo ignoramos.

A modo de conclusión es muy probable que la indignación moral sea un fuego e Internet su gasolina. Creo que el análisis de Crockett es muy acertado y que los medios digitales nos explican en parte la gran explosión moral que estamos presenciando y de la que hablábamos en la entrada anterior. Evidentemente, no explica el fenómeno en su totalidad pero no olvidemos que aunque toda esta explicación se refiera al mundo digital, el mundo real es cada vez más una extensión del mundo digital y no al revés. Lo que ocurre en el mundo real se ha cocinado antes en Internet, se retransmite mientras ocurre y se cuenta y analiza después de que ha ocurrido en las redes. Cada vez vivimos más en y para el mundo digital. Todos estos datos que hemos comentado deberíamos utilizarlos para entender que las nuevas tecnologías pueden transformar las ancestrales emociones sociales de ser fuerzas para el bien común a convertirse en herramientas para la autodestrucción colectiva.

@pitiklinov

Referencia:



miércoles, 20 de septiembre de 2017


El cerebro segrega pensamiento como el hígado segrega bilis.
- Pierre-Jean-George Cabanis (1802)

Hubo un tiempo en que se decía -y algunos todavía lo dicen- que Dios era el soporte de la moral y que si Dios desaparecía, el mundo se convertiría en una nueva Sodoma y Gomorra, en un lugar de depravación e inmoralidad inhabitable. En esta entrada propongo que lo que estamos viviendo hoy en día demuestra bien a las claras que esto no es cierto. Hace tiempo que Dios ha muerto pero la moralidad goza de una salud excelente, yo diría que excesiva.

Hace unos años se puso de moda el Nuevo Ateísmo de la mano de los famosos cuatro jinetes del apocalipsis: Richard Dawkins, Daniel Dennett, Christopher Hitchens y Sam Harris. Aparecían con frecuencia en los medios pero Hitchens falleció, Dawkins desde sus problemas de salud tiene un perfil muy bajo, Dennett está desparecido en combate y el único que sigue activo es Sam Harris. Llegaron a tener un impacto en la sociedad pero su influencia ha desaparecido. Su lugar ha sido ocupado, paradójicamente, por Nuevas Religiones como el feminismo, el altruismo efectivo, los guerreros por la justicia social, lo políticamente correcto, etc.

Una religión es una estructura compleja  con muchos componentes. Uno de los ingredientes más obvios es la creencia en seres sobrenaturales. No es en ese sentido en el que hablo de nuevas religiones. Sabemos también que la religión cumple otras funciones sociales como unir al grupo (se dice que religión viene de religare -unir- pero no sé si es cierto) y favorecer la colaboración entre los miembros de una sociedad. También sienta las normas de conducta por la que deben regirse sus miembros y sabemos que ese papel de control social se potenció cuando las sociedades se hicieron más grandes y había que interactuar con desconocidos. Los dioses de los cazadores recolectores no se metían en la vida de la gente pero lo que apareció con la época de los reinos y los imperios posteriores a la agricultura fueron unos grandes dioses que sí tenían una agenda moral y se encargaban de vigilar que todo el mundo hiciera el bien y de castigar los actos moralmente ilícitos.

Es en este sentido en el que hablo de religión, en el de un sistema de creencias y de normas morales que no pueden ser discutidas, en el de la existencia de un dogma, de una ortodoxia y de unos mecanismos dedicados a vigilar y castigar al que viola las normas. Es en ese sentido en el que parecen estar surgiendo nuevas religiones como hongos. Por poner un ejemplo de dogma referido al feminismo, hace un tiempo el Pais informaba de un estudio coordinado por la Secretaría de Estado de Seguridad, en el que participa un equipo de criminólogos y psicólogos, para averiguar las causas de los homicidios de pareja. Muchas feministas protestaron la conveniencia de ese estudio dado que ya sabemos la causa (el machismo) así como la solución (más feminismo). Jesús Zamora Bonilla trató de forma excelente este tema.

La búsqueda de la virtud y de la santidad es una característica de nuestra época. Por ejemplo, si hablamos del altruismo efectivo, hay gente que se ha dedicado a una carrera en bolsa (en lugar de algo que personalmente les atraía más) porque eso les permite tener más ingresos y donar así más dinero a las organizaciones benéficas más eficaces y hacer así el mayor bien posible, que es el objetivo (aunque ahora se cuestiona si trabajar para Wall Street y así donar más dinero es bueno) . Ha aparecido un nuevo derecho que es el derecho a no ser ofendido pero como no todos pensamos igual siempre existe la posibilidad de decir algo que sea ofensivo para alguien así que la mejor manera de no ofender es no decir nada. Y en EEUU está en todo su esplendor un debate sobre la libertad de expresión y sus límites, libertad que se quiere restringir. Dios no existirá pero no dejan de aparecer nuevos pecados: comer carne, fumar, ir en coche a trabajar…

No entro a discutir la calidad moral o no de todas estas cosas, sólo describo una situación que a mi modo de ver se caracteriza por una hipertrofia de la moral, por un boom moral que afecta a cada vez más esferas de la vida y que puede llegar un momento en que sea asfixiante. En las universidades americanas la gente tiene ya miedo de hablar y va por los pasillos mirando al techo para no hacer algo que sea malinterpretado aunque también no mirar a la gente puede ser probablemente una ofensa.

Parodiando la cita de cabecera, podemos decir que el cerebro humano produce religión, dioses, y normas morales igual que el hígado produce bilis. Está claro que Dios no es la causa de las normas morales  sino más bien una consecuencia. Porque Dios ha muerto pero cada vez menos cosas están permitidas. Dios ha muerto pero cada vez hay más mandamientos, dogmas e Inquisición. Dios ha muerto pero cada vez hay más pecados. Un fenómeno digno de estudio.

@pitiklinov


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