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jueves, 6 de julio de 2017

Nosotros actuamos por amor, vosotros por odio

La política se está polarizando en todos los países de nuestro entorno y la división va llegando a extremos en los que el diálogo es prácticamente imposible y ocurren cada vez más actos deshonestos e incluso violentos. Con los conflictos etno-religiosos, como el conflicto palestino-israelí,  ocurre lo mismo y da la impresión de que este tipo de problemas son intratables. ¿Por qué hay tantos conflictos que son intratables cuando la gente de ambos bandos saldría ganando si se llegara a un compromiso? Es muy importante avanzar en la comprensión de estos enfrentamientos y buscar la manera de tender puentes. En esta entrada voy a comentar un artículo que propone que una de las causas del mantenimiento de estas disputas es un sesgo que ellos han llamado Asimetría en la Atribución de Motivos y que consiste en que atribuimos las agresiones que hace nuestro grupo al amor mientras que atribuimos las agresiones que realizan el grupo contrario al odio.

El artículo en cuestión lleva a cabo cinco experimentos con demócratas y republicanos y con palestinos e israelíes que no voy a describir en detalle pero que básicamente consiste en preguntar por los motivos que los sujetos ven para las acciones de su grupo y del grupo contrario. Los resultados van en la línea de los que podemos ver en la Figura 1. Cada grupo atribuye las agresiones del endogrupo (nuestro grupo) más al amor al endogrupo que al odio al exogrupo  mientras que las agresiones del exogrupo (el grupo contrario) se atribuyen más a odio al exogrupo que a amor al endogrupo. Es decir: “lo que nosotros hacemos no es porque os odiemos pero lo que vosotros hacéis sí”. 

Esto es importante porque este sesgo aumenta la creencia en que el conflicto es intratable, disminuyendo el deseo y disposición a negociar o a votar por llegar a un compromiso. Pero el quinto estudio de este grupo da un giro a la situación porque introduce una manipulación para intentar reducir este sesgo. Lo realizan en demócratas y republicanos norteamericanos -que tienen que valorar como en los otros experimentos si su partido está motivado por empatía y compasión hacia su propio partido o por animosidad y odio hacia el partido contrario- pero lo que hacen es introducir un incentivo económico por el que ganan un dinero si su valoración es acertada incluyendo un grupo control al que no ofrecen incentivo económico. Con este giro los resultados cambian como se ve en la Figura 3. Pero lo interesante es que no sólo cambia la atribución de los sujetos sino también su optimismo con respecto a la situación, su confianza en poder buscar una solución.

En cuanto a los mecanismos por los que ocurre este sesgo los autores hipotetizan que puede ser debido a la diferente disponibilidad cognitiva de las emociones de amor y odio, a su diferente visibilidad. En nuestro grupo vemos expresiones de amor mientras que los oponentes y competidores no nos suelen dar muestras de amor. Otra posibilidad es que realicemos un razonamiento motivado para justificar las acciones de nuestro grupo al que necesitamos ver como bueno. Es evidente también el parecido de este sesgo que proponen estos autores con otros sesgos y fenómenos psicológicos conocidos como el error fundamental de atribución, la disonancia cognitiva, el universal Ellos/Nosotros y la tendencia a deshumanizar a los otros. Desde el punto de vista evolucionista tiene todo el sentido del mundo creer que el grupo rival no actúa por amor, los que pensaron eso, desde luego, no transmitieron sus genes a la siguiente generación.

Quedaría por valorar el efecto del incentivo económico ya que abre una vía muy interesante a poder disminuir este sesgo, lo que puede tener una repercusión enorme para buscar soluciones e intentar reducir así los conflictos humanos a nivel global. Los autores dicen que el incentivo económico podría reducir el egocentrismo al aumentar el esfuerzo por ver las cosas con perspectiva. También motivaría a detectar las emociones de los demás con más fiabilidad. Abre una vía a la esperanza y habría que seguir investigando para ver cómo potenciar este camino pero no hay que dejarse llevar del optimismo. Cuando estamos inmersos en un conflicto no suele haber incentivos para que analicemos los motivos y emociones de los enemigos y además hacerlo puede ser visto como traición a los intereses del grupo. El tema está difícil pero tal vez no imposible. Desde luego hay que buscar vías de reducir este sesgo, el mundo ha cambiado desde la época de los cazadores-recolectores e instintos que sirvieron para sobrevivir en un mundo de pequeños grupos enfrentados no nos sirven ahora, sino que son un problema, en un mundo común en el que todos tenemos que convivir.

@pitiklinov

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