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sábado, 12 de agosto de 2017

Yo soy más víctima que tú

Según algunos, estamos viviendo una evolución moral que nos ha llevado a una cultura del victimismo. En las últimas décadas, en las sociedades occidentales hemos sido testigos de una creciente tendencia de grupos minoritarios a presentarse a sí mismos como víctimas para conseguir un reconocimiento social. En ese contexto se ha visto un fenómeno que consiste en que miembros de una minoría expresan actitudes negativas hacia otra minoría a pesar de que esa otra minoría no es responsable de ninguna manera de su pasada victimización. Por ejemplo, Khalid Muhammad, de la Nación del Islam, dijo que “el holocausto negro fue 100 veces peor que el llamado holocausto judío”. Este fenómeno ha sido catalogado por algunos autores en términos de una competición por un reconocimiento simbólico, una competición por la declaración de víctima definida como la creencia de que “hemos sufrido más que el otro grupo”.

En esta entrada comento un estudio que acaba de salir y que es el primero en investigar este asunto. En este problema tenemos tres protagonistas: Por un lado tenemos dos grupos, llamémosles A y B, que compiten por el reconocimiento de víctima y luego una tercera entidad C, que puede ser la sociedad, el gobierno o la comunidad internacional que es la que tiene el poder de otorgar el reconocimiento. Y el intríngulis del problema es que el mero hecho de que C reconozca como víctima a A crea actitudes negativas en B hacia A y un conflicto y una posible escalada entre A y B que va a impedir la paz entre ellos. Pero tenemos que tener en cuenta que A no le ha hecho nada a B, no es responsable directo de nada de lo que le pasó a B. Simplemente que como A ha sido considerada víctima (y B no) ahora B es enemigo de A. Por ejemplo, Bilewickz y Stefaniak encuentran que polacos que pensaban que habían sido victimizados más que los judíos en la II Guerra Mundial mostraban más actitudes negativas hacia los judíos (cuando los judíos no eran responsables del sufrimiento de los polacos).

¿Por qué ese deseo insaciable o esa necesidad desesperada de reconocimiento? Honneth dice que el reconocimiento es una necesidad fundamental porque es un constituyente de la identidad. Los seres humanos sólo existen plenamente cuando son reconocidos. Si experimentamos una falta de reconocimiento se produce una lucha para obtenerlo. En las sociedades occidentales actuales, además, se busca el estatus de víctima porque las víctimas son percibidas como moralmente superiores, como autorizadas a una mayor consideración y simpatía y les confiere también una protección frente a las críticas. En la teoría de Honneth el reconocimiento implica amor, respeto, autoestima y desde luego un mayor estatus.

Pero hay que tener en cuenta que todo este planteamiento que estoy haciendo es válido solamente si consideramos que el reconocimiento de la calidad de víctima es un recurso limitado, es decir, si creemos que la entidad que otorga el reconocimiento sólo tiene una “cantidad limitada” de reconocimiento para distribuir entre un grupo y otro y que otorgárselo a uno es quitárselo a otro. Dicho de otra manera, todo este razonamiento se basa en considerar que estamos ante un juego de suma cero.

Aparte del planteamiento teórico, el trabajo aludido realiza tres experimentos sobre esta competición por la categoría de víctima intentando evidenciarla. Los autores son belgas y en el primer experimento estudian a inmigrantes subsaharianos procedentes de República Democrática del Congo, Ruanda, Burundi y otros países africanos. El resultado de las pruebas que les pasan es que la percepción de haber sido víctimas se asocia a mayores actitudes negativas hacia los judíos. El estudio tiene el problema de que estos países fueron víctimas del colonialismo belga en el pasado y algunos han llegado a hablar de un genocidio en el Congo en tiempos del rey Leopoldo II. Esto contamina a la entidad que da el reconocimiento, los belgas, y en el estudio aparecen actitudes negativas hacia los belgas así que el diseño no es muy limpio.

Para intentar arreglarlo en el segundo estudio buscan una situación que no tenga nada que ver con los belgas y escogen a sujetos musulmanes residentes en Bélgica bajo el razonamiento de que ningún pueblo musulmán ha sufrido colonialismo belga. El problema es que estudian también su antisemitismo y no se dan cuenta de que el conflicto palestino-israelí está muy presente en la conciencia de ambos pueblos. Esa historia de conflicto entre musulmanes y judíos contamina de nuevo el diseño y limita las conclusiones que podemos sacar. 

Por último, en el tercer estudio recurren al típico experimento de psicología social con estudiantes en el que hacen tres grupos y el que otorga el reconocimiento son las autoridades académicas. Resumiendo mucho, les hacen la misma faena a todos pero luego dan ventaja a uno de los grupos, el de Derecho, a los que les dejan repetir un examen, para ver la respuesta de los otros. Los resultados pueden apoyar lo que dicen los autores pero lógicamente un planteamiento de este tipo no es comparable en gravedad con colonialismo, esclavitud, guerras o genocidios.

Así que tenemos un estudio que describe un fenómeno que parece real, a juzgar por lo que observamos en la sociedad, con un planteamiento teórico interesante pero con una evidencia experimental muy débil. Pero sería interesante retomar el problema de por qué el reconocimiento se vive como un recurso limitado ¿por qué creen los grupos minoritarios que están ante un juego de suma cero? En principio no parece lógico. Podríamos pensar que la compasión no es limitada, que podemos tener compasión y sintonizar con el sufrimiento de más de una víctima. Pero por otro lado, el reconocimiento no es sólo algo simbólico. Por ejemplo, en el tercer estudio a los estudiantes de Derecho se les deja repetir un examen y en la vida real esto puede suponer aprobar una carrera, tener más ingresos, etc. Es decir, el reconocimiento se traduce en recursos y ventajas materiales. A un nivel general en nuestra sociedad, a las víctimas se les compensa con inversiones y recursos y el dinero sí que es un recurso limitado, lo que se gasta en unas cosas no se gasta en otras.

Entonces parece que los grupos no van muy descaminados al ver el problema como un juego de suma cero. Esta competición por el reconocimiento de la categoría de víctima recuerda mucho a la que puedan tener dos hermanos por la atención y los cuidados de la madre (a los celos y la envidia). La atención es también un recurso limitado, si se atiende a uno de los hijos no se atiende al otro y , como dice el refrán, “el que no llora no mama”. El que quede en segundo lugar tiene que esperar su turno…y tal vez para cuando le toque la comida se ha acabado o le toca lo peor… siempre conviene ser el primero.

A pesar de las debilidades del estudio  me parece que el fenómeno es real y que esa competición victimista existe en nuestra sociedad y ,como se señala en el artículo citado al principio, va en aumento en nuestra sociedad. La percepción actual en nuestra cultura parece ser que sólo puede haber una víctima.

@pitiklinov

Referencia:

Guissmé LD y Licata L. Competition over collective victimhood recognition: when perceived lack of recognition for past victimization is associated with negative attitudes towards another victimized group (2017) European Journal of Social Psychology 47: 148-166












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