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lunes, 11 de septiembre de 2017

Estudios genéticamente informativos

Un gran número de estudios de sociología y de psicología son una pérdida de tiempo y dinero porque no controlan los genes en sus diseños. El típico diseño al que me refiero es el siguiente: medimos algo en los niños, medimos algo que hacen los padres biológicos y luego concluimos que la causa de lo que les pasa a los niños es lo que hacen los padres. Por ejemplo, los padres que tienen muchos libros en casa tienen hijos más inteligentes, luego hay que comprarles libros a los niños y hacerles leer para que sean inteligentes.

El problema es que los padres pasan dos cosas a sus hijos: unos genes y un ambiente y todos los rasgos psicológicos tienen una influencia genética (heredabilidad) lo que quiere decir que padres ansiosos tienen hijos ansiosos y padres inteligentes tienen hijos inteligentes. Así que en el ejemplo anterior lo que puede ocurrir es que los hijos de padres que leen y tienen muchos libros no son más inteligentes porque han heredado la biblioteca familiar sino porque han heredado los genes paternos, y eso parece que es lo que ocurre. También la biblioteca (el ambiente) puede tener un efecto, pero si no mido el efecto de los genes no puedo saber cuánto corresponde al ambiente. Para evitar esta confusión genética (genetic confounding) hay que diseñar un estudio genéticamente informativo y así tendré una idea más clara de la causalidad.

Este error ocurre especialmente en sucesos relacionados con la infancia por ese papel tan especial que atribuimos a la infancia, tema del que ya hemos hablado en el Mito de la Infancia. Es muy intuitivo pensar que lo que viene antes es causa de lo que viene después pero no tiene por qué ser así. El día no es la causa de la noche aunque venga antes que ella. Tanto el día como la noche se deben a una tercera cosa que es la rotación de la Tierra. De la misma manera, un suceso en la infancia no tiene por qué ser causa de un suceso en la edad adulta, ambos sucesos pueden ser causados por un tercero: una influencia genética. 

Vamos a ver ejemplos. Según este estudio, niños que ven a sus padres tener sexo de pequeños (la famosa escena primaria de Freud) van a tener una mayor afición al sexo ocasional de mayores, una sociosexualidad menos restringida. Pero claro, si los padres son más aficionados al sexo y tienen una sociosexualidad menos restringida es más probable que sus hijos les pillen haciéndolo. Así que es posible que padres aficionados al sexo tengan hijos aficionados al sexo. No digo que sea así, pero hay que tenerlo en cuenta.

Aquí tenemos otro ejemplo de este error: ¿quieres tener hijos más inteligentes?, pues retrasa la edad de tener hijos. Resulta que se se ha observado que las madres más inteligentes que se dedican a sus carreras están retrasando la edad para tener los hijos y los hijos de estas madres lógicamente son también más inteligentes. Pero, evidentemente, la causa no es que nazcan cuando las madres son más mayores sino que heredan los genes de inteligencia de sus madres.

Otro ejemplo donde puede haber problema de confusión genética son estudios donde se relaciona el castigo físico a los niños con conducta agresiva o trastornos mentales en la edad adulta como en este caso o este otro donde a hijos de padres más duros les va peor en la escuela. Son estudios que piden obligatoriamente controlar los genes. 

Para acabar, un caso muy curioso. Resulta que se ha detectado una “brecha de palabras” entre niños de alto y bajo nivel socioeconómico. Los niños de familias con bajos ingresos escuchan menos palabras que los de familias privilegiadas que se cuantificar en 30 millones de palabras menos para la edad de 3 años. Según los autores, esto va a dar lugar a un peor funcionamiento en tests de vocabulario y lenguaje de mayores. El caso es que, para arreglarlo, varias ciudades han puesto en marcha programas para mejorar este “problema” con unos aparatos que miden el número de palabras que escuchan los niños en casa, un “pedómetro de palabras” y se ha visto que los niños de estos programas escuchan un 60% de palabras más que los controles, lo que se supone tendrá grandes ventajas en su desarrollo. No hace falta que insista en que hay una relación entre inteligencia y nivel socioeconómico y entre inteligencia y genes y que si no controlamos los genes este tipo de programas son un gasto de dinero absurdo.

Podríamos poner muchos más ejemplos de correlaciones que son tomadas por causalidad, incluso de revistas de primera línea, pero vamos a ver algunos de estudios genéticamente informativos. En estos estudios lo que se hace es separar genes y ambiente. Muchos de ellos se hacen en gemelos con diferente grado de similitud genética (monocigóticos, heterocigóticos) para ver si las consecuencias de la intervención que estudiamos son diferentes en ellos. Otra posibilidad es estudios de adopción en los que se aplica la intervención a hijos biológicos y no biológicos.

Éste es un estudio  genéticamente informativo donde se investiga si el maltrato infantil se asocia a trastornos del neurodesarrollo como Autismo o Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Se encuentra que efectivamente los niños maltratados tienen mayor número de trastornos del neurodesarrollo pero cuando se comparan gemelos monocigóticos (iguales genéticamente) de los cuales uno ha sufrido maltrato y el otro no, lo que se observa es que el número de trastornos del neurodesarollo es igual. Es decir, el maltrato no es la causa de los trastornos del neurodesarrollo y esto nos alerta también de que niños con múltiples trastornos del desarrollo tienen mayor riesgo de sufrir maltrato.

Un tema también polémico es el de la influencia del divorcio en los hijos. Hay datos de que los niños que viven el divorcio de su padres se divorcian con más frecuencia de mayores. Esto nos podría llevar a la conclusión de que el divorcio de los  padres afecta a los niños psicológicamente y es la causa de sus futuros divorcios. Pero claro, también es muy posible que ciertos rasgos de personalidad (impulsividad, baja responsabilidad, consumo de tóxicos, etc.), hacen más probable que una persona se divorcie y los rasgos de personalidad son heredables en un 50% de media. Este estudio controla los genes   y concluye que la transmisión intergeneracional del divorcio (inestabilidad familiar) se debe en un 66% al divorcio como tal y en un 34% a los genes.

Vamos a ver otro ejemplo con el caso de la lactancia materna y su supuesto efecto beneficioso sobre la inteligencia de los hijos. Según ese estudio, los hijos que son criados con lactancia materna tienen mayor C.I., mayor rendimiento escolar, mejor memoria de trabajo y mejor función motora. Sin embargo, cuando se corrige para múltiples variables el efecto desaparece. Es interesante este otro estudio de la relación entre lactancia materna y trastornos de conducta en los hijos que sí es genéticamente informativo. En este trabajo se valora a madres que dan pecho a hijos biológicos y a  hijos no biológicos (por diferentes técnicas de reproducción asistida) y la conclusión es que los hijos que reciben lactancia materna tiene menos trastornos de conducta descontando los efectos genéticos.

Resumiendo, es muy importante para que podamos establecer una relación de causalidad y no solo de correlación que el estudio controle la posible influencia de los genes por medio de un diseño que sea genéticamente informativo. Hay que recordar que los seres humanos no somos tablas rasas en las que se empieza a escribir al nacer. Evidentemente, esto complica el diseño pero es que, si no lo hacemos, todos los estudios que produzcamos no dejan de ser un brindis al sol y un derroche si es que encima se usan para informar guías y políticas de salud pública sin fundamento científico.

@pitiklinov

Referencias:



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