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sábado, 28 de octubre de 2017

¿Por qué aman las mujeres a los hombres que matan?

En la entrada anterior describíamos y estudiábamos el fenómeno de las mujeres que aman a los hombres que matan, siguiendo el libro de Sheila Isenberg Women who love men who kill, pero no dijimos nada sobre las causas de este intrigante comportamiento. Una primera posibilidad es pensar que estas mujeres son una anomalía y como tal no habría mucho que explicar: en algunas personas se produciría un fallo en los sistemas psicobiológicos que todos tenemos y nada más. Sin embargo, esta atracción de las mujeres por los asesinos es muy frecuente. En esta entrevista a Sheila Isenberg le preguntan  al final qué es lo que más le ha sorprendido acerca de estas mujeres y ella contesta que “los grandes números, lo frecuente que es”. Pero es que el amor a los asesinos podría ser la punta del iceberg de una atracción más generalizada por hombres peligrosos en general. Sabemos de la atracción de las mujeres por los psicópatas e individuos con personalidad del tipo tríada oscura, del enganche que mujeres maltratadas hacen hacia sus maltratadores, de la elevada frecuencia de fantasías de violación y dominación en mujeres normales…Tal vez después de todo sí estamos ante una característica de la psique femenina que requiere explicación.

En la sección de comentarios de la entrada, Gregorio Montero, abordando la cuestión, compartía un artículo muy interesante sobre el efecto del maltrato infantil sobre el sistema de regulación del estrés y sobre la oxitocina. Lo que encuentra este estudio es que las niñas que han sido maltratadas muestran bajos niveles de cortisol en saliva y altos niveles de oxitocina en orina, resultados que son en principio contraintuitivos y que merecen ser comentados. 
Los niveles de oxitocina son más elevados en niñas maltratadas que en controles y niños maltratados

Para empezar, y esto es también muy importante, este aumento de oxitocina y reducción de cortisol no se encuentra en los niños maltratados, solo en las niñas. La oxitocina funciona suprimiendo el estrés y facilitando la motivación para aproximarse a los demás y facilitando el apego. Tanto en roedores como en humanos la administración de oxitocina aumenta la búsqueda de parejas y el contacto con otros semejantes. Los antagonistas de la oxitocina, por contra, disminuyen la frecuencia de este contacto social. Se ha visto en otros estudios que en mujeres estresadas aumenta la oxitocina periférica, cosa que no ocurre en los hombres. Así mismo, mujeres con historia de abuso infantil tienen niveles elevados de oxitocina. De manera que una serie de estudios en ratones y humanos coinciden en encontrar aumento de oxitocina cuando se sufren adversidades tempranas. La cuestión es: si la oxitocina se asocia a emociones positivas como confianza y afiliación, ¿por qué muestran elevación de la misma mujeres que han experimentado relaciones sociales estresantes, especialmente desde la infancia?

Una explicación es pensar que esto es simplemente una mala regulación neurológica pero otra posibilidad es que la conducta asociada a estos cambios neurohormonales sea adaptativa para esta población de chicas. Por un lado, la disminución del cortisol puede reflejar un amortiguamiento de la respuesta al estrés y esto puede conducir a una mayor resistencia ante subsiguientes factores estresantes, la formación de una resiliencia. En cuanto a la oxitocina, se ha visto en ratas que las hembras que reciben poca atención materna en forma de lamidos y despioje empiezan a ser receptivas sexualmente antes que otras ratas. En humanos, las niñas expuestas a factores estresantes crónicos durante la infancia tienen también una pubertad más temprana, relaciones sexuales más tempranas y se quedan embarazadas antes teniendo hijos de forma muy precoz; también muestran menor inversión parental en la descendencia. Si os fijáis, todo esto es lo que observa Isenberg en la muestra de mujeres que ella estudió, lo que se llama una estrategia vital cortoplacista. Esta estrategia no es necesariamente mala sino que puede ser adaptativa en su caso. 
Los niveles de cortisol son más bajos en niñas maltratadas que en controles y niños maltratados

Las chicas que se crían en ambientes familiares donde sufren abuso  pueden desarrollar adaptaciones conductuales dirigidas a reproducirse rápidamente porque su riesgo de mortalidad es alto y retrasar la reproducción en estos contextos implica probablemente no reproducirse. El aumento de oxitocina puede hacer que estas mujeres se aproximen a individuos desconocidos como forma de salir de esa familia lo que lleva a una conducta sexual precoz y a embarazos tempranos. Estas conductas tienen elevados costes en ambientes modernos pero en ambientes ancestrales pudieron tener ventajas. Dejar el hogar y buscar parejas antes de lo normal podría reducir el riesgo de mortalidad y morbilidad a manos de familiares abusadores. Con respecto a las diferencias sexuales es posible que hombres y mujeres estén cableados de forma diferente de base porque tanto los niños como las niñas habían sufrido similares tipos de maltrato y similar nivel de intensidad y gravedad. La razón de esta diferencia entre los sexos no la conocemos. Otra intrigante cuestión es la posible relación de este aumento de la oxitocina no solo con la vinculación a otros hombres fuera de la familia sino con la posible vinculación de la chica maltratada al propio maltratador como observamos en el caso de las mujeres maltratadas o en el fenómeno relacionado del Síndrome de Estocolmo.

Sin embargo, tenemos que tener en cuenta que este mecanismo relacionado con la oxitocina que estamos comentando no es más que uno de los posibles lugares en los que podemos buscar explicaciones para la extraña vinculación de las mujeres a asesinos u hombres dominantes y abusivos en general. Otro lugar donde merece la pena investigar es en el de la relación del apego con el sistema opioide. Existen teorías que relacionan el Trastorno Límite de Personalidad con una mala regulación del sistema opioide endógeno y del sistema de recompensa cerebral, de manera que las conductas propias de estas pacientes podrían ser intentos de compensar un sistema opioide mal regulado. Las descripciones que hace Isenberg de las mujeres que aman a hombres que matan son compatibles con la presencia en muchas de ellas de trastornos de personalidad de tipo límite.

En cualquier caso, todas estas explicaciones se refieren principalmente a la causa próxima (aunque también estamos hablando algo de causas últimas), al mecanismo fisiopatológico por el que se produciría la atracción de las mujeres por los hombres que matan. Pero un enfoque evolucionista nos obliga a preguntarnos por la causa última: ¿por qué existen en las mujeres estos mecanismos que conducen a una atracción por los asesinos? ¿Qué presiones evolutivas -si es que las hay- han podido conducir a la aparición de estos mecanismos neurohormonales ligados a conductas potencialmente adaptativas? Y aquí entramos en un terreno altamente especulativo. 

Es conocido que en otros animales las hembras muestran predilección por los machos que resultan vencedores en las competiciones intersexuales, es decir, las hembras eligen para aparearse a los machos que han vencido a otros machos (aunque muchas veces no tienen elección porque los otros machos quedan fuera de la circulación). Es posible, y repito que estoy especulando, que esta misma predilección fuera adaptativa ancestralmente en el caso de las mujeres. Estos hombres capaces de dar la muerte a los demás podrían imponer su ley y ser dominantes dentro del grupo por lo que, para las mujeres, asociar sus genes a los de ellos tendría ventajas reproductivas. Hay datos, por ejemplo, de que los buenos guerreros y cazadores tienen más parejas y más éxito reproductivo.

Actualmente, este fenómeno de la atracción por asesinos no es adaptativo porque estos hombres son unos don nadie que acaban en la cárcel. Nos encontraríamos, por lo tanto, con un caso de lo que los psicólogos evolucionistas llaman desajuste (mismatch) entre el ambiente evolutivo ancestral y el actual: lo que era adaptativo ancestralmente no lo es ahora pero la mente humana no ha tenido todavía tiempo de cambiar. Sería algo parecido a lo que ocurre con la apetencia por los dulces y las grasas que forma parte de nuestra psicología. La atracción por grasas y dulces era adaptativa ancestralmente porque eran bienes escasos. Esa misma atracción, en el ambiente actual en el que tenemos la nevera llena de hidratos de carbonos refinados, está conduciendo a una epidemia de diabetes, obesidad, y otros trastornos metabólicos. Está claro, sin embargo, que con lo que estamos comentando sólo estamos arañando la superficie de este fascinante fenómeno que merece desde luego una investigación en profundidad.

@pitiklinov

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