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sábado, 21 de abril de 2018

Darwin ha muerto. Todo está permitido.

(Entrada publicada previamente el 15-05-2017 en la Nueva Ilustración Evolucionista)

Estamos asistiendo a una época en la que el ser humano está negando la realidad. Ideas relacionadas con el post-modernismo y el constructivismo social se han impuesto en todas las esferas de la vida. Todo es una construcción social y nada existe en realidad: no existe el sexo, no existen las razas, no existe la inteligencia, no existe la ciencia, que sólo es un discurso más al mismo nivel que muchos otros, y ahora ya no existen los genes. La cadena Netflix, por ejemplo, ha quitado la parte en la que se hablaba de los cromosomas de una explicación sobre el sexo en el programa de ciencia Bill Nye the science guy. No vaya a ser que la gente piense que el sexo tiene algo que ver con los cromosomas. Jerry Coyne antes escribía libros y artículos en los que defendía que existe la evolución, ahora tiene que escribir artículos defendiendo que existe el sexo. Cosas del progreso.

No es extraño tampoco que una de las dianas de este movimiento sea la biología. Hace un tiempo ya se mató a Dios pero ahora era necesario matar a Darwin. Un hombre que se atreve a decirnos que no somos el centro del Universo, que somos sólo un animal más que sigue las reglas de la selección natural. De qué sirve matar a Dios y dejar de ser obras de Dios si nos encontramos con que somos un producto de la selección natural. Nuestras ideas de grandeza no podían tolerar eso. No nos ha creado Dios y no nos ha creado la selección natural, nosotros nos hemos creado a nosotros mismos, nosotros somos los creadores, nosotros hemos escrito el texto y no hay nada fuera del texto (Derrida).

Lo de ser dioses es una vieja aspiración humana. Y la verdad es que hay mucha razón en que somos dioses y en que no existe la realidad. Fernando Savater dice en “Etica de Urgencia”: “La realidad es lo que no cambia simplemente por efecto de nuestro deseo (…). La realidad es lo que siempre está ahí, queramos o no, y tiene unas condiciones que nosotros no podemos modificar, o que podemos modificar pero no a voluntad”. Pues bien, cada vez hay menos cosas que no podamos modificar y en ese sentido cada vez hay menos realidad. Michael Jackson se convirtió en blanco, podemos cambiar el sexo de una persona con cirugía y hormonas, podemos editar los genes y curar enfermedades…Claro que no existe la raza, el sexo ni los genes, claro que no existe la realidad, sólo existen nuestros deseos.

Los clásicos proyectaron la megalomanía humana en dioses cuya principal característica era precisamente su "humanidad". Eran dioses concupiscentes, celosos e iracundos y tenían aquello a lo que aspiramos los humanos...poder. Estaban hechos a nuestra imagen y semejanza en sus deseos y gozaban del poder al que nosotros aspiramos para satisfacerlos. Ahora, trascendido Dios, el humano no necesita proyectar y se considera omnisciente, omnipotente, para todo hay respuesta.

Vivimos en la época de la subjetividad y de los sentimientos. La medida de todas las cosas son los sentimientos y si algo hiere nuestros sentimientos no sólo es que sea malo moralmente sino que está mal “científicamente”, es un error y una equivocación y hay que cambiarlo. El principio de realidad, que decía Freud, se ha ido por el desagüe. Sólo queda el principio del placer y nuestros deseos. Los deseos son ahora, automáticamente, derechos y, desde esta perspectiva, nuestros derechos se convierten en hacer, tener, probar, todo aquello que queramos. Antes, si mis deseos no encajaban con la realidad yo tenía un problema; ahora, es al revés: si mis deseos chocan con la realidad es la realidad la que tiene un problema. Es intolerable que una supuesta realidad me cause un daño o me haga sufrir. Si el hecho de que la Tierra sea redonda supone un problema para mí, la Tierra no puede ser redonda y si lo es, tenemos que ocultarlo. Somos víctimas del miedo, como niños consentidos hiper-reaccionamos ante cualquier cosa que choque con nuestros intereses. Como en las fases del duelo, por defecto, siempre empezamos por la negación. Ahora lo llaman post-verdad, pero lleva existiendo desde que decidimos creer en esos dioses plagados de contradicciones.

Otro aspecto interesante es que hay una fascinación por la técnica (o por la ciencia aplicada) frente a la ciencia cruda. La física, la cibernética... son respetables porque sirven para tener más cachivaches, para la comunicación instantánea… La Biología y la genética son respetables en tanto sirvan para cultivar células madre y resolver problemas… Pero no tanto cuando dan respuestas u ofrecen explicaciones no demandadas: la evolución, la influencia de los genes. La ciencia está muy bien siempre que no estorbe y no interfiera con nuestros sentimientos.

No obstante, eso de hacer que la realidad se pliegue a nuestros deseos saca a la luz esos mismos deseos que son, por lo general, derivados de instintos evolucionados...el pez que se muerde la cola. 

Pero lo dicho, Darwin ha muerto. Ahora sí que todo está permitido.


@pitiklinov

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