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lunes, 10 de diciembre de 2018

¿Una ciencia de la naturaleza humana?

Hay una cuestión sobre la que los seres humanos no nos ponemos de acuerdo: si existe una naturaleza humana y en qué consiste. En esta entrada voy a decir algunas cosas sobre ello a propósito de un libro que acabo de leer titulado precisamente Why we disagree about human nature, que consiste básicamente en las presentaciones de una reunión celebrada en 2015 con ese mismo título. Ya de entrada voy adelantar mi posición que consiste en que creo que sí existe una naturaleza humana y que sería muy importante estudiarla -me convencen los argumentos de Pinker y de Cosmides y Tooby-  y ponernos de acuerdo acerca de ella, posición que, por lo que he podido observar en el libro, es minoritaria entre los filósofos de la ciencia en estos momentos.

Extracto algunos párrafos del libro de Robert Sapolsky Compórtate:

“Alrededor de 1900, el experto Luther Holt, de la Universidad de Columbia, advirtió del error de la “práctica maliciosa” de coger a un niño que llora o de atenderle demasiado a menudo. Era el mundo de los niños ricos, criados por niñeras y cuyos padres únicamente los veían un breve instante antes de llevarlos a la cama…

Esa forma de pensar produjo al menos un desastre. Cuando un niño era hospitalizado durante un tiempo, el dogma era que la madre era innecesaria -sólo añadía confusión emocional, y todo lo necesario era aportado por el equipo médico-. Normalmente, las madres podían visitar a sus hijos una vez a la semana durante unos pocos minutos. Y cuando los niños eran hospitalizados durante periodos largos, se iban consumiendo con el “hospitalismo”, muriendo a montones por infecciones inespecíficas y problemas gastrointestinales que no tenían relación alguna con su enfermedad original. Era una época en la que la teoría germinal había dado lugar a la creencia de que a los niños hospitalizados les iba mejor si no tenían contacto físico alguno, si se les mantenía en un aislamiento antiséptico. Sorprendentemente, el hospitalismo se disparó en los hospitales que tenían las innovadoras incubadoras (adaptadas de las granjas de aves de corral); los hospitales más seguros eran los pocos que confiaban en el acto primitivo de los humanos, tocando e interactuando con los bebés.”

Vemos aquí, a mi modo de ver, las consecuencias de un mal entendimiento de la naturaleza humana, de pensar que las madres no son importantes, que la relación materno-filial y el contacto y la interacción madre-hijo no son importantes para el desarrollo de un niño. Esto ocurría décadas antes de que John Bowlby publicara su teoría del apego humano basada también en estudios en primates. Creo que puede ser un ejemplo de la importancia de ponernos de acuerdo sobre la naturaleza humana. Básicamente, se trata a la hora de hacer una casa de saber si cuento con ladrillos, con piezas de Lego o con naipes. Si voy a construir una casa pensando en que tengo ladrillos y son naipes, la casa se me va a caer a la primera de cambio. Y la mejor herramienta que tenemos -con todas sus imperfecciones- para saber lo que hay, lo que es, lo que existe ahí afuera, no es otra que la ciencia. Por eso creo que sería importante una ciencia de la naturaleza humana; saber si existe o no una naturaleza humana y en qué consiste. 

Pero es muy importante antes de continuar dejar sentado que una cosa es “lo que es” y otra “lo que debe ser”, aunque hay puntos de contacto entre ambas. La ciencia no dice absolutamente nada sobre lo que debe ser, la ciencia trata de lo que es. Una cosa es el plano real, de los hechos, y otra muy diferente el plano moral o ético, el de las obligaciones, derechos y normas morales y éticas de convivencia. Pero es muy importante, como decía, saber lo que hay ahí afuera, lo que es, para así llegar mejor desde lo que es a lo que “debe ser”, a lo que queremos que sea, para llegar mejor desde los ladrillos (o las maderas o las hojalatas) a la casa que queremos construir.

En este conflicto entre lo que es y lo que debe ser hay dos errores clásicos, dos falacias:

-falacia naturalista: consiste en creer que “lo que es” es lo que “debe ser”, es decir, que lo que existe, o lo que ha llegado a ser como resultado de la selección natural y de la evolución, es lo que debe ser, que no hay que cambiarlo. Esto es un error porque confiere a la selección natural, o a la realidad, una autoridad moral que no le corresponde. Se basa en imponer el “es” sobre lo que “debe ser”.

-falacia moralista: consiste en creer que lo que “debe ser” es. Consiste en imponer el “debe ser” sobre el “es”. Por ejemplo, como consideramos que hombres y mujeres tienen los mismos derechos legales y morales pues concluimos que no hay diferencias biológicas o psicológicas entre ellos. Defender esta postura sería volver a los tiempos en los que la autoridad religiosa o moral dictaba lo que la ciencia podía o no estudiar y podía o no decir, a los tiempos de Galileo, por ejemplo. No es otra cosa que colocar la ideología por encima de la realidad.

Asentados estos principios básicos vamos a adentrarnos un poco en los temas que se trataron en esa conferencia.

                          I

Un primer asunto que se toca rápidamente en el libro y que lo impregna por completo es que se ha extendido entre los filósofos, especialmente entre los filósofos de la ciencia, la postura de que considerar que existe una naturaleza humana es contraria a la teoría de la evolución porque es caer en el esencialismo. La obra que parece haber convencido a todos los filósofos de que esto es así es el artículo de David Hull de 1986, On Human Nature. Creo que este es un tema importante a tratar y del que debemos ocuparnos con cierta profundidad.

En esta entrada me hacía eco de la opinión de Ernst Mayr de que el esencialismo es una de las razones para que la teoría de la evolución tiene problemas para ser aceptada. Lo intuitivo es pensar que las especies tienen esencias inmutables (lo hacen los niños de edad preescolar), que un caballo es un caballo, un perro es un perro, un chimpancé es un chimpancé y un ser humano es un ser humano. Sin embargo, la teoría de la evolución nos dice que no hay esencias inmutables sino que las especies evolucionan, cambian y se convierten en otras y que hay una continuidad del ancestro común a humanos y chimpancés al australopiteco y de éste al Homo habilis. Así que Hull utiliza esto para concluir que no existe una naturaleza humana, pero creo que corre demasiado. Voy a resumir mucho, necesariamente, la postura de Hull y creo que en el primer párrafo de su artículo está ya lo esencial de lo que nos quiere transmitir:

“En este artículo argumento que si “biología” se toma para referirse a los pronunciamientos técnicos de los biólogos profesionales, en particular los biólogos evolucionistas, simplemente no es verdad que todos los organismo que pertenecen a Homo sapiens como una especia biológica son esencialmente lo mismo. Si “caracteres” se toman como referencia a homologías evolutivas, entonces periódicamente una especie biológica podría estar caracterizada por uno o más caracteres que están tanto universalmente distribuidos como limitados a los organismos que pertenecen a esa especie, pero este estado de cosas es temporal, contingente, y relativamente raro. En la mayoría de los casos, cualquier carácter distribuido entre los organismos pertenecientes a una especie particular es también poseído por organismos pertenecientes a otras especies, y, al revés, cualquier carácter que está limitado a los organismos pertenecientes a una especie particular es improbable que sea poseído por todos ellos.”

Hull plantea también que los conjuntos de caracteres que posee una especie cambian con el tiempo, en definitiva que las especies evolucionan por medio de la selección natural y, por tanto, la variación genotípica y fenotípica es esencial. Tras una apariencia de conocimiento de la biología evolucionista, la posición de Hull creo que tiene muchos problemas y errores. Voy a comentar algunos.

El primero y más fundamental que le veo a la postura de Hull es confundir el tiempo evolutivo con el tiempo histórico o por decirlo de otra manera, el tiempo individual. Es evidente, por ejemplo, que, como decía más arriba, el mero hecho de que las especies evolucionen es una prueba de que no existe una esencia. Es decir, no existe una “leonidad” eterna que impida que los leones puedan evolucionar a una especie con unas características diferentes (sin melena o sin rabo), en esto estamos de acuerdo. Igual los leones pueden llegar en el futuro a desarrollar alas como lo hicieron los dinosaurios. Igualmente, es posible que los chimpancés puedan evolucionar a tener lenguaje, ya tienen tal vez ciertos rudimentos, o que la especie humana llegue a ser tan cortés que nadie insulte a nadie en el ciberTwitter del futuro. Es posible. Pero también es cierto que si nos ponemos a describir las características de los leones, chimpancés o humanos podemos hacer un buen trabajo al margen de evoluciones muy anteriores y evoluciones futuras. 

Podemos decir cosas que no son eternas pero que tienen una validez temporal suficiente para guiar nuestras actuaciones y nuestra política, si es eso lo que nos interesa. La mayoría estaríamos de acuerdo en que si pudiéramos coger a un niño cántabro de la época en la que se pintaron las cuevas de Altamira y lo educáramos en un hogar moderno utilizaría la Nintendo e Internet exactamente igual que los niños modernos y su conducta sería indistinguible. Lo que quiero decir es que podemos hablar de una naturaleza humana con validez para unos cuantos miles de años y esto no es una cosa banal que podamos subestimar fácilmente.

Otro error de Hull consiste en señalar que características  que tiene una especie se ven también en otras y utilizar eso como argumento para negar que se pueden considerar como parte de su naturaleza. Bien, nosotros tenemos dos ojos o nuestros bebés maman de los pechos de sus madres. Esto no es exclusivo de los humanos pero ello no invalida que tener dos ojos pueda perfectamente ser considerado como parte de la naturaleza humana. Porque la naturaleza humana es parte de la naturaleza primate y de la naturaleza mamífera y de la naturaleza vertebrada. Y vamos a heredar muchas características de nuestro árbol filogenético como tener dos ojos o pulgares oponibles. Que otras criaturas tengan ojos también no indica que no sean parte de nuestra naturaleza.

Un error más de Hull, y de mucha otra gente, es asumir que la evolución (lo digo así de manera coloquial por simplificar) produce cosas 100% perfectas. Primero, es evidente que la selección natural no hace que los organismo de una especie sean exactamente iguales, entre otras razones porque la selección natural necesita variación y sin variación no puede actuar. No todos tenemos la misma altura ni el mismo color de ojos, ni la misma cantidad de jugos gástricos ni metabolizamos un bocadillo de chorizo en el mismo tiempo, etc, etc. Tal vez algunas criaturas que se reproducen por clonación estén más cerca de algo así (y tampoco porque se ven afectadas por mutaciones, infecciones por fagos y otras circunstancias que las diferencian) pero ninguna de las que se reproduce por reproducción sexual desde luego lo es. Por otro lado, la selección natural produce rasgos y mecanismo que son mejores que las alternativas, pero tampoco  perfectos. Por ejemplo, sabemos que un pato recién nacido puede seguir a Konrad Lorenz en vez de a su madre pero el mecanismo programado por la naturaleza de seguir a la primera cosa que se mueva que se encuentre al nacer funciona correctamente la mayoría de las veces, porque lo primero que se va a encontrar un pato al nacer en circunstancias normales es a su madre y no a un etólogo. También hay personas que nacen con dos cabezas, o un riñón, o seis dedos en cada mano, etc. Eso no invalida que podamos decir que el ser humano tiene dos ojos, una cabeza, dos riñones y cinco dedos por mano.

Para acabar esta breve crítica a Hull copiaré la forma en la que cierra su artículo:

“Toda la ingenuidad que se ha ejercido intentando mostrar que todos los seres humanos son esencialmente el mismo, ¿podría usarse mejor para intentar explicar por qué debemos ser todos esencialmente lo mismo para tener cosas tales como derechos humanos? ¿Por qué tenemos que ser esencialmente lo mismo para tener derechos? ¿Por qué no puede gente que es esencialmente diferente tener, no obstante, los mismos derechos? Hasta que se responda esta pregunta , yo permanezco receloso de las continuas afirmaciones acerca de la existencia e importancia de la naturaleza humana”

¿Qué observamos aquí? Pues yo creo que la confusión que comentábamos más arriba entre el “es” y el “debe ser” entre hechos y derechos. Podemos dedicarnos a estudiar , describir y definir los seres humanos sin meternos en el tema de qué es lo que deben ser o tener los seres humanos, que es un tema totalmente diferente. Creo que aquí -y esto impregna la postura que inspira todo el artículo de Hull- se mezclan los dos planos. Y esto no quiere decir que no esté totalmente de acuerdo con él en que para tener los mismos derechos no es necesario que todos seamos exactamente iguales. Pero creo que conviene separar los dos planos y dejar que la ciencia se dedique a describir la biología y psicología de los seres humanos tal y como son en el tiempo presente y dejar el plano moral al resto de la sociedad.

Vamos a ver ahora algunas otras cosas que podemos aprender de la conferencia de la que trata el libro que hemos tomado como referencia.

                                 II


Una cuestión al margen que tal vez merezca la pena comentar antes de continuar con el problema de la naturaleza humana es una división que parece existir entre los humanos que puede influir en cómo valoramos los mismos hecho o datos. Me refiero a la división que en inglés se denomina lumpers y splitters y que en español podríamos traducir por agrupadores y desglosadores. Esta división ocurre en muchos aspectos de la vida pero desde luego es muy frecuente en cuestiones taxonómicas, cuando tenemos que clasificar o identificar grupos o subgrupos. Hay gente que se fija más -o da más valor- a lo común dentro de lo diferente (lumpers o agrupadores) y hay gente que da más valor a lo diferente dentro de lo común (splitters o separadores). Más o menos el eterno problema de ver la botella medio llena o medio vacía. Estoy convencido, aunque no tengo pruebas, de que esta dimensión es comparable a otros rasgos de personalidad como la dimensión extroversión-introversión y que tiene que tener hasta una influencia genética, como todos los rasgo de personalidad. Y es un problema para el tema que estamos tratando porque viendo la misma cosa, exactamente la misma cosa, unos le van a dar un valor y otros otro. 

Lo digo porque algunos de los autores del libro que estamos comentando reconocen rasgos universales en los seres humanos pero pasan de puntillas sobre ellos como irrelevantes. El propio Hull reconoce que si por naturaleza humana nos referimos a unas características que son prevalentes e importantes por el momento (no sé lo que entiende por momento) entonces seguro que la naturaleza humana existe. Y también reconoce que las especies tienen adaptaciones producto de la selección natural y que estas adaptaciones son importantes para la continuación de su existencia y son más o menos típicas de cada especie. 

Kim Sterelny concede también que podamos reconocer ciertas característica como típicas de humanos: a) el miedo a la muerte b) recordar hechos pasados e imaginarse a sí mismo en un escenario futuro c) razonar acerca de fuerzas, agentes o eventos que no son observables d) entender que otros tienen intenciones y emociones (Teoría de la Mente), e) hacer juicio morales acerca de los actos de los demás, es decir, identificar el bien y el mal desde el punto de vista moral, etc., etc. Podemos añadir la capacidad de sentir culpa y vergüenza, de que nos guste escuchar historias, que el cotilleo sea universal en todas las sociedades, en todas preocupa la reputación, todas las sociedades humanas tienen un lenguaje, todas tienen música …Pero según Sterelny esto no sirve de nada si no tenemos una teoría de qué papel jugaría el concepto de naturaleza humana, para qué una naturaleza humana…Bueno, me parece que describir una naturaleza humana ya sería un paso y que es independiente de la función que queramos que cumpla. Que resulte que como no sabemos qué hacer con el concepto de una naturaleza humana pues mejor que no exista…en fin, no me parece un argumento muy bueno. 

                          III

Comento algunas objeciones a la idea de una naturaleza humana que aparecen en el libro.

  • Karola Stotz y Paul Griffiths proponen que los organismos son fundamentalmente procesos y con ello quieren decir que son el resultado de un desarrollo en el que intervienen genes, epigenética y ambiente, que no todo está predeterminado en los genes y que el resultado final es variable. John Dupré habla también de que un ser humano no es una cosa con un conjunto fijo de propiedades sino un ciclo vital. Esto es correcto pero no hay que olvidar que los leones tienen descendencia que son también leones y los conejos descendencia que son también conejos. Es decir, el proceso de desarrollo está canalizado dentro de unos límites. Y los pájaros hacen nidos y las arañas telarañas. Y no ocurre que un conejo dé a luz un león o que una gallina fabrique telarañas. Volvemos al tema splitter/lumper…podemos ver lo común o podemos ver lo diferente…

  • John Dupré reconoce que los seres humanos no son tablas rasas y que tienen una herencia biológica determinada pero se apresura a añadir que eso no quiere decir que son máquinas con un programa predeterminado. Una parte crucial de su herencia es su capacidad para aprender y la inteligencia. Correcto. Pero cada especie sí trae predeterminado de fabrica el paisaje por el que se puede mover y las cosas que puede aprender, los organismos vienen a este mundo con el campo limitado de lo que pueden aprender (prepared learning). Si queremos enseñar a un lagarto el juego de lanzarle una pelota y que vaya a por ella y nos la traiga de vuelta lo vamos a tener más difícil que si lo intentamos con un perro. En el mismo ambiente, un lobo y un ratón van a aprender cosas diferentes, van a atender prioritariamente a unos estímulos u otros de su ambiente y eso se debe en buena medida a adaptaciones diferentes que son producto de su diferente historia evolutiva. Dupré llega a decir que la conducta humana es altamente plástica, sustancialmente no constreñida por la biología humana. Creo que esto no es correcto. Tal vez como dice E.O. Wilson los genes nos controlan con una correa más larga, pero la correa está ahí. Experimentos como la experiencia de los kibutz de Israel creo que demuestran que la correa existe. Volvemos a la botella medio vacía y medio llena. ¿Flexibilidad de la mente humana? Sí, pero dentro de unos límites marcados por la estructura innata de los mecanismo psicológicos adaptativos heredados por la especie humana.


                          IV

Pero va siendo hora ya de que dejemos de dar vueltas y cojamos el toro por los cuernos y abordemos la verdadera razón por la que no se acepta la idea de una naturaleza humana, y que no es ninguna de las que hemos tratado hasta ahora. El problema de aceptar que existe una naturaleza humana consiste fundamentalmente, a mi modo de ver y leyendo entre líneas, en que aceptarla supone separar Nature de Nurture, separar biología y cultura, aceptar que existe algo biológico/genético que está más allá de la cultura y de las influencias ambientales. Supone aceptar que la biología/genes pone límites a lo que pueden lograr las medidas sociales o políticas. Creo que éste es el meollo del asunto y los autores del libro lo dan a entender de una manera más o menos larvada.

Como dicen Laland y Brown, poner énfasis en la naturaleza humana supone acentuar el papel de los genes y hablar de conductas que pueden tener elementos “innatos”, “instintivos” o términos semejantes. Supone señalar que el desarrollo está canalizado y su flexibilidad no es absoluta, como decíamos. Supone decir que el aprendizaje y la cultura son menos importantes. Por contra, poner el énfasis en la cultura es hablar de la importancia de las claves externas, de los factores ambientales y sociales y restar papel a lo genético y lo “innato/instintivo”… Ésta es la madre del cordero, el problema Nature/Nurture y como telón de fondo las concepciones políticas, y ya se sabe que los científicos son también personas con preferencias políticas. 

Lo gracioso de Laland y Brown, por ejemplo, es que en su esfuerzo de refutar la utilidad del concepto de naturaleza humana especifican una serie de rasgos humanos como enseñar, la capacidad de imitar, la atención compartida, etc., que sería el tipo de rasgos que los psicólogos evolucionistas dirían que cumplen criterios para ser considerados parte de la naturaleza humana. Sin embargo, la conclusión de Laland y Brown es justo la contraria: que no es útil etiquetar eso de naturaleza humana y que es mejor librarnos de ese concepto. De nuevo, splitters y lumpers, dicen por ejemplo: “no vemos razón para que los rasgos evolucionados universales merezcan más atención que los variables”…botella medio llena, botella medio vacía y política…

Pero hay que tratar un tema muy importante que tanto los defensores de Nature como los de Nurture no tienen en cuenta y que en el libro es tratado por Peter Richerson aunque yo creo que de una manera sólo parcialmente acertada. Un error que cometemos todos en este eterno debate entre Nature y Nurture es considerar que son independientes, que por un lado van los genes y por otro la cultura cuando en realidad existe una Co-evolución Gen-Cultura. 

Como bien dice Richerson, los partidarios de Nature y los genes se olvidan de que por lo menos en los últimos miles de años, y puede que desde hace más tiempo, la evolución humana ha sido impulsada no sólo por la selección natural actuando sobre los genes sino también  por una selección social actuando también sobre los genes, y también de forma indirecta por la selección natural actuando en ambientes construidos por el ser humano (nichos culturales). Es decir, la cultura nos ha moldeado genéticamente, la cultura ha cambiado nuestros genes. La cultura crea ambientes que actúan como presiones selectivas que seleccionan unas variantes genéticas en lugar de otras o unas mutaciones en lugar de otras. 

El ejemplo clásico es la tolerancia a la lactosa pero voy a ilustrar la idea de que la cultura cambia la biología con un ejemplo un poco caricaturizado para que se vea mejor, el de la división sexual del trabajo en la especie humana (tema muy de moda actualmente). Supongamos que ponemos a hombres y mujeres a hacer cosas diferentes, cogemos y ponemos a las mujeres a cuidar a los niños y a los hombres a hacer guerras y mantenemos esta costumbre social durante, pongamos, 50.000 o 100.000 años. Ese plazo de tiempo es suficiente para que surjan mutaciones que hagan que las madres sean capaces de leer mejor la mente de sus hijos, de entender sus necesidades y por lo tanto de atenderlos mejor y de hacer que sobrevivan mejor que los hijos de madres que no son capaces de darse cuenta de si sus hijos tienen frío o hambre o cualquier otra necesidad. Lo mismo ocurriría con variantes genéticas que aumentaran la presencia de la madre por interactuar, atender y jugar con su bebé. Las madres que no tuvieran ningún interés en interactuar con sus hijos probablemente dejarían menos descendencia. Mientras tanto, los hombres van incorporando mutaciones que les hacen ser más fríos y menos empáticos a la hora de matar enemigos porque el guerrero que se pusiera a llorar a la hora de matar a un soldado enemigo y sintiera pena y empatía no iba a dejar mucha descendencia tampoco, probablemente. Con el paso de los milenios las mujeres serían más empáticas, de media, que los hombres. Esto es el efecto Baldwin o coevolución gen-cultura.

De modo que Richerson tiene razón, la cultura cambia los genes pero no existe ningún problema, a mi modo de ver, para considerar esos cambios genéticos como parte de la naturaleza humana. Si la tolerancia a la lactosa fuera universal, podríamos decir que -actualmente- forma parte de la naturaleza humana. El mecanismo por el que esa característica ha llegado a ser parte de la naturaleza humana es indiferente, da igual si ha sido por selección natural en sentido estricto, por selección sexual, o por selección social o coevolución gen-cultura, el caso es que ya sería una característica universal de la especie humana. 

Lo que los partidarios de la cultura no entienden es, de nuevo, el problema del tiempo evolucionista. Un cambio cultural de un siglo o dos no cambia la naturaleza humana a nivel genético pero un cambio de 50.000 años sí puede cambiarla y esos cambios tienen una inercia y no van a desaparecer inmediatamente si yo hago un nuevo cambio cultural. Lo cual no quiere decir para nada que la sociedad no pueda decidir iniciar un nuevo rumbo cultural y desterrar por ejemplo la división sexual del trabajo como ha existido hasta ahora. De hecho, lo estamos haciendo.

                         V


Voy a terminar con una intuición personal: pienso que nadie se cree realmente que no exista una naturaleza humana. Porque lo mismo que si no creemos en una naturaleza humana no tiene sentido estudiar la anatomía humana y hacer un atlas del cuerpo humano tampoco lo tendría estudiar, por ejemplo, la psicología humana, o la economía, o prácticamente nada. Porque si cada humano es diferente y el número y ubicación de órganos, arterias, nervios, etc va a ser diferente en cada uno pues entonces no tiene ningún sentido estudiar anatomía. Y si a nivel psicológico ocurre lo mismo, no entiendo a qué se dedica la psicología que intenta estudiar fenómenos psicológicos que se supone que son comunes a los humanos aunque con las lógicas variaciones individuales. Los resultados de un estudio psicológico serían sólo útiles para la muestra en la que se ha llevado a cabo porque en otra muestra nos podría salir algo totalmente diferente. Igual resulta que en una muestra los padres prefieren criar a los hijos de los vecinos más que los suyos propios…

Se supone que estudiamos la psicología para poder hacer predicciones sobre el comportamiento de la gente en determinadas situaciones pero si no existe una naturaleza común en la gente ¿qué sentido tiene eso? Creo que es razonable decir que forma parte de la naturaleza humana que cuando se nos muere un ser querido nos sentimos tristes y pasamos por un proceso de duelo. Es posible que algunos psicópatas no reaccionen así y otras personas tampoco porque se llevaban mal con sus seres queridos (en cuyo caso no serían ya seres queridos, sino odiados, pero bueno…) o por la razón que fuera. Pero no tendría sentido estudiar la psicología del duelo ni prácticamente ninguna otra cosa si no existiera la naturaleza humana.

En definitiva, probablemente sí existe una naturaleza humana entendida como el “conjunto de propiedades que los humanos tienden a poseer como resultado de la evolución de su especie”, y que, aunque no es eterna, es lo suficientemente real y robusta para ser objeto de estudio. Conocerla nos permitiría acercarnos mejor a los objetivos que como sociedad nos planteemos en cada momento y evitar errores como el que describía al principio en el trato a los bebés en los hospitales . Pero como estamos ante un tema radioactivo políticamente ya que una naturaleza humana supone un límite a lo que la cultura y las medidas ambientales pueden conseguir, existen razones políticas de peso para intentar obviarla, ocultarla y no tenerla en cuenta. Por lo tanto, la conclusión que creo que podemos sacar de todo lo hablado es que va a ser difícil que exista alguna vez una ciencia de la conducta humana y que vamos a seguir durante muchos años sin ponernos de acuerdo acerca de la naturaleza humana. Y me parece que eso es perjudicial para la sociedad en su conjunto.

@pitiklinov

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