Instintos coalicionales

La organización Edge.org hace una pregunta todo los años a destacadas personalidades del mundo de la ciencia y la cultura. En el año 2017 la pregunta era: ¿qué término o concepto científico crees que debería ser más ampliamente conocido? Y en esta entrada voy a comentar la respuesta de John Tooby, uno de los fundadores de la psicología evolucionista, porque creo que no tiene desperdicio.

Comienza Tooby diciendo que todos los humanos -incluidos los científicos- tienen unos programas neurales para navegar el mundo de la coaliciones. Estos programas nos permiten mantener, unirnos, abandonar, reconocer, defender, detectar, explotar, resistir, desconfiar…y atacar coaliciones. ¿Qué son las coaliciones? “Coaliciones son grupos de individuos interpretados por sus miembros y/o por los demás como compartiendo una identidad abstracta común (incluyendo propensiones a actuar como una unidad, defender intereses comunes y tener estados mentales compartidos y otras propiedades de los agentes humanos individuales como el estatus y las prerrogativas)”.

¿Por qué vemos el mundo de esta manera, desde el punto de vista de las coaliciones? Pues porque en determinado momento la capacidad de coordinarnos cognitivamente nos llevó a darnos cuenta de que dos pueden vencer a uno, de que tres pueden vencer a dos y así sucesivamente. La mayoría de las especies no funcionan así. En el caso de los elefantes marinos, por ejemplo, el macho alfa es el que acapara a todas las hembras y los demás machos no se reproducen. Esto es así a pesar de que si se unieran el macho beta y el macho gamma conseguirían vencer al alfa. Pero su desarrollo cognitivo no da para tanto. Pero en algún momento de nuestra historia evolutiva nos dimos cuenta -en la competencia por unos recursos limitados- de que un grupo puede vencer a un individuo y de que un grupo grande puede vencer a un grupo más pequeño. Esto dio lugar al nacimiento de un nuevo mundo, un mundo con grupos rivales compitiendo entre sí. Y nosotros, los humanos actuales, somos descendientes de los humanos mejor equipados con estos instintos coalicionales. Esos instintos hacen que proyectemos coaliciones sobre todo, incluso sobre cosas sobre las que no deberíamos proyectar coaliciones, como es el caso de la ciencia. Somos locos de la identidad.

La principal función de las coaliciones, por tanto, es la amplificación del poder de sus miembros en conflicto con otros no-miembros. Por ejemplo, ancestralmente, si no formabas parte de una coalición te encontrabas desnudo y a merced de cualquiera, por lo que el instinto de pertenecer a una coalición tuvo urgencia, se convirtió en algo básico en nuestra naturaleza. Y esto tiene unas consecuencias muy interesantes a todos los niveles pero especialmente sobre las creencias. La relación entre las creencias y la pertenencia a un grupo es algo de lo que no solemos ser conscientes. En concreto, es muy llamativo que los intentos coalicionales sean la razón por la que las creencias de la gente, de los grupos, puedan llegar a ser tan raras, extrañas y absurdas. Y también tienen influencia sobre el fenómeno de la moralización, es decir, el fenómeno por el que una cosa que antes no pertenecía al terreno del bien y el mal pasa a ser algo moralizado y catalogado de bueno o de malo moralmente.

De hecho, dejar mal moralmente a los rivales, deslegitimarles, es un objetivo de la ideología de una coalición. Es por esto que cuando se llega a un acuerdo en algo (por ejemplo, en que la esclavitud está mal) ese asunto deja de ser un tema moralmente significativo porque ya no deja a los rivales en mal lugar, ya no sirve para diferenciarnos de ellos. Como ya no podemos deslegitimar a los rivales con ese tema surge la necesidad de moralizar otro asunto para así poder tomar nosotros la posición moralmente superior y denigrar al adversario. Vemos así que los instintos coalicionales son uno de los factores que explican el proceso de moralización.

Pero además, para ganarte la pertenencia a un grupo tienes que emitir señales que indiquen claramente que apoyas a ese grupo y no a otros, por lo que hay que apoyar y alabar las ideas del grupo y atacar las de los grupos rivales. Y ocurre que cuanto más apartadas estén unas creencias de la verdad neutral mejor funcionan para comunicar la identidad de la coalición, generando una polarización que va más allá de los desacuerdos políticos reales. Es decir, la comunicación de verdades funcionales, de verdades neutras, de hechos claros y comprobados no sirve como señal diferencial porque cualquier persona puede manifestarlas independientemente de la lealtad al grupo. Que alguien diga que dos más dos son cuatro o que la tierra es redonda no le puede servir a una coalición como señal identitaria porque eso lo puede decir cualquiera, sea o no de nuestro grupo. Por contra, unas creencias exageradas, inusuales, por ejemplo, creencias sobrenaturales (que Dios son 3 personas y una), alarmismos, conspiraciones y muchas otras creencias que circulan ahora mismo por ahí -pero que para no herir a nadie no voy a mencionar- es muy improbable que se digan si no es como expresión de una identidad, porque no hay una realidad externa que motive a los no-miembros a decir cosas absurdas.

Pero hay otro matiz muy curioso. Si un grupo, coalición o partido político basa su identidad en creencias vamos a decir irracionales, supernaturales, absurdas, o como queramos llamarlas, resulta -paradójicamdnte- que se encuentra en mejor posición para revisar las “creencias racionales” o “normales” que formen parte de su ideología sin ningún problema. Por ejemplo, un grupo unido por su creencia en algo sobrenatural puede revisar su creencia en el calentamiento global sin ningún problema porque lo que les une no está en cuestión. Si resulta que nuevos datos científicos demuestran que lo que existe es un enfriamiento global (esto lo digo a modo de ejemplo), ese grupo o partido político puede revisar su postura en ese tema, actualizarla y no pasa nada. Pero si existiera un partido político o una coalición basada solo en la creencia en el calentamiento global, el miembro de esa coalición que trajera los nuevos datos sobre un enfriamiento sería considerado un mal miembro de la coalición, un traidor, y corre el riesgo de perder su trabajo, amigos y su identidad de grupo. Esto congela la posible revisión de las creencias (esto llevaría, se me ocurre, o a la disolución del grupo o a “mantenerla y no enmendarla” y pasar así a ser una coalición basada en la creencia irracional de que existe una calentamiento global).

Por todo esto, formar coaliciones alrededor de cuestiones científicas y objetivas es desastroso porque confronta dos instintos: por un lado nuestro instinto de buscar la verdad, que es importante, pero por el otro nuestro instinto de ser un buen miembro de la coalición, un instinto prácticamente insuperable. Lo más probable es que gane el instinto coalicional. Como dice Tooby, una vez que las proposiciones científicas se moralizan el proceso científico queda herido, a menudo de muerte. Y esto es lo que estamos viendo y viviendo actualmente.

@pitiklinov


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