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sábado, 13 de julio de 2019

Hallazgos acerca de la violencia de pareja del Estudio Dunedin

Habíamos dejado pendiente en la entrada anterior comentar el capítulo 5 del libro Sex Differences in Antisocial Behavior, de Moffitt y cols., donde tratan el tema de la violencia de pareja. Decíamos que los hombres se comportan de forma más agresiva y tienen más conducta delictiva a todas las edades, y medida por todos los criterios, que las mujeres. Pero había tres excepciones. Una son los delitos relacionados con las drogas, otra es la conducta delictiva justo en la época peripubertal (13-15 años) donde se iguala mucho la conducta antisocial entre los chicos y las chicas. Y la tercera, de la que vamos a hablar, la violencia en la pareja.

En la evaluación que el estudio Dunedin realizó de su muestra a los 21 años de edad, se estudió también a las parejas de los participantes. 360 sujetos estaban saliendo, convivían o estaban ya casados a esa edad. Se usó el criterio de una relación mínima de 6 meses y se estudió la violencia de pareja en los dos miembros de la pareja. Se entrevistó a cada miembro de la pareja por separado, los investigadores que entrevistaron a un miembro no sabían lo que había contestado el otro y no se avisó previamente a la pareja sobre los temas que se iban a tratar en las entrevistas de manera que no tuvieron la posibilidad de ponerse de acuerdo al respecto. La correlación fue de 0,83 para los informes de violencia en la relación de los perpetradores masculinos y sus víctimas femeninas y de 0,71 para la correlación entre los informes de las perpetradoras femeninas y sus víctimas masculinas. Esto quiere decir que los informes de perpetración y victimización son fiables y válidos. 

El resultado general fue que las mujeres informaron de tanta violencia física hacia sus parejas (o ligeramente más) que los hombres. Este no es un hallazgo aislado, es algo que se ha encontrado en múltiples estudios que no voy a detallar pero a modo de ejemplo voy a poner uno de este mismo año de Canadá. Es importante insistir en la concordancia de los datos y en que la similitud en la conducta agresiva de la misma pareja se obtiene igual partamos de los informes del hombre como de los de la mujer. Estos resultados no se refieren sólo a casos leves sino que se mantienen también en una muestra de 30 parejas cuya violencia dio lugar a intervención policial y de los jueces o intervención médica. En esta muestra más grave la perpetración media de las mujeres fue 0,72 y de los hombres 0,84, es decir, tanto hombres como mujeres tuvieron similares y muy elevados niveles de perpetración lo que indica que esto no ocurre sólo en los casos leves.

Se repite con frecuencia que la violencia de las mujeres es defensiva. Hay muchos estudios que han investigado este asunto peguntando a ambos miembros de la pareja y los datos no apoyan que la razón de la autodefensa sea la única explicación para la violencia de las mujeres, aparte de que es con la misma frecuencia una razón para la violencia de los hombres, pero la polémica continúa. Así que los autores analizan esta posibilidad con detalle. Los autores comentan varios hallazgos que indican que la explicación de la autodefensa es incompleta. Estudios longitudinales prospectivos han encontrado que la historia de delincuencia temprana de las mujeres predice su violencia contra sus parejas. Y esto ocurre también en el estudio Dunedin: la delincuencia violenta a los 15 años predice violencia contra la pareja a los 21 años tanto en hombres como en mujeres. Esto indica que una tendencia preexistente a comportarse antisocialmente en las relaciones interpersonales predispone tanto a hombres como mujeres a maltratar a sus parejas.

Los autores realizan diversos análisis para ver si las mujeres con una historia de trastornos de conducta son violentas con su pareja después de controlar la cantidad de violencia que dicen que sus parejas cometen contra ellas. Si el maltrato que cometen las mujeres es una defensa al maltrato de los hombres, la historia de trastornos de conducta no debería predecir su maltrato después de controlar por el abuso que reciben. Entonces, encuentran por un lado que las mujeres con una historia de trastornos de conducta -como decíamos en la entrada anterior- tienden a implicarse en relaciones con hombres maltratadores lo que contribuye a su propia conducta violenta en la pareja. Este camino de un efecto indirecto sería compatible con la hipótesis de la autodefensa, es decir, ellas pegarían a sus parejas porque se han juntado con hombres que las pegan. Pero es que aún controlando para el abuso físico de sus parejas, sigue siendo más probable que las mujeres con una historia juvenil de problemas de conducta cometan violencia contra sus parejas. Esto es, las mujeres con una historia de conducta antisocial pegan a sus parejas independientemente de que ellos las peguen o no. Pero, además, estos hallazgos se aplican a los hombres. Juntando ambos hallazgos, lo que se observa es que la perpetración de violencia de pareja es una expresión más de una propensión antisocial que emerge tempranamente y no es sólo una respuesta defensiva a la violencia que comete contra ellos el otro miembro de la pareja.

Un tercer argumento es que en el estudio Dunedin se van midiendo características de personalidad a todas las edades. Si todas las mujeres son vulnerables al maltrato de los hombres y la violencia de las mujeres es sólo defensiva, las diferencias individuales en personalidad no deberían predecir el maltrato que ellas ejercen. Pero los hallazgos revelan que características como la aprobación del uso de la agresión, los celos excesivos y la suspicacia, la tendencia a experimentar intensas y rápidas emociones negativas o el pobre autocontrol predicen qué mujeres cometerán violencia contra sus parejas (y otras personas). Estas características predicen el maltrato tanto en hombres como en mujeres y lo hacen especialmente bien en la muestra más grave de 30 parejas que hemos comentado previamente. 

Por último, la autodefensa podría explicar el patrón de violencia hacia la pareja pero no hacia extraños y en el estudio Dunedin se observa un solapamiento similar entre violencia de pareja y violencia en general tanto en hombres como en mujeres. A los 21 años de edad, las mujeres que pegan a sus parejas tenían 4,4 veces mayor probabilidad de cometer delitos violentos contra gente que no es su pareja. Así que en conjunto podemos decir que sin duda parte del maltrato perpetrado por mujeres es autodefensa pero los datos sugieren que mucho maltrato perpetrado por mujeres está motivado por los mismos factores psicológicos intra-personales que motivan también la violencia de los hombres contra sus parejas.

Los autores tratan también el problema de que se tiende a minimizar la violencia que ejercen las mujeres y a quitarle importancia. Esto es un error y no ayuda a la resolución de las consecuencias a todos los niveles de la violencia de pareja por diversas razones. Por un lado, la violencia de la mujer puede aumentar la probabilidad de que su pareja responda a esa violencia y se entre en una escalada y se aumente el riesgo de violencia para ella misma. Decir que la violencia en la comunidad de las mujeres es trivial sería como decir que fumar en la comunidad es trivial y sólo hay que estudiar los casos de cáncer de pulmón, o que no usar preservativos es trivial y que sólo hay que estudiar los casos de infección por VIH. Si queremos hacer una labor de prevención hay que abordar todos los factores de riesgo. Por otro lado están las consecuencias del abuso para los hijos que observan ese maltrato de la mujer hacia el hombre. Hay estudios que muestran que la violencia de pareja iniciada por las madres predice depresión, abuso de sustancias y delitos en los hijos. 

Como conclusión, el estudio Dunedin sugiere que ambos sexos tiene patrones similares de perpetración de violencia de pareja incluso en los casos más severos que resultaron en heridas y necesitaron la intervención de las instituciones y que la autodefensa no es una explicación suficiente de la agresión de las mujeres. Los autores sugieren que es ya hora de que se acepten estos hallazgos -que han sido corroborados en muchos otros estudios- y que se dirija la investigación a las influencias situacionales compartidas por hombres y mujeres que podrían explicar estas conductas. Más de dos décadas después, esto no ha ocurrido.

Para los que no tengáis acceso al libro, existe un artículo disponible en la red donde los autores resumen sus hallazgos. También trae una bibliografía con bastantes artículos donde Moffitt y cols, han ido publicando aspectos de su estudio en relación a la violencia de pareja. Os extraigo algunos de los hallazgos citados en este artículo:

  • Un 27% de las mujeres y un 34% de los hombres informaron haber sido maltratados por sus parejas. un 37% de mujeres y un 22% de hombres dijeron haber perpetrado violencia.
  • Una de las primeras lecciones del estudio Dunedin es que no hay una clara distinción entre víctimas y perpetradores…fue 10 veces más probable que las mujeres víctimas fueran perpetradoras que otras mujeres y 19 veces más probable que los hombres agresores fueran víctimas
  • Tanto para hombres como mujeres perpetradores de violencia de pareja el principal factor de riesgo es historia de conducta delictiva agresiva física antes de los 15 años, el cual también es el principal factor de riesgo para las víctimas.
  • Hay una fuerte relación entre violencia contra la pareja y una historia de violencia contra otras víctimas. Más de la mitad de los hombres condenados por delitos violentos también maltrataban físicamente a sus parejas
  • 66% de las mujeres que sufrieron abuso grave y 88% de los hombres perpetradores tenían uno o más trastornos mentales
  • Los jóvenes adultos implicados en violencia de pareja es más probable que sean padres: las mujeres con hijos era el doble de probable que fueran víctimas y los padres con hijos 3 veces más probable que fueran perpetradores de abuso
  • Los hombres perpetradores de violencia severa tenían niveles extremos de abuso de drogas, personalidad antisocial, abandono escolar, desempleo crónico, pobre apoyo social y violencia contra víctimas fuera de la familia
  • Entre hombres perpetradores graves de violencia 72% usaban dos o más drogas ilegales, 56% habían dejado la escuela secundaria sin cualificaciones, 51% había asaltado a alguien además de su pareja en el último año y habían estado en paro más de 20 meses tras dejar la escuela.


@pitiklinov





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