Violencia de Género versus Violencia Doméstica. Una reflexión


“Es imposible para un hombre aprender lo que piensa que ya sabe”.
-Epícteto
“Cuando veo un ave que anda como un pato y nada como un pato y grazna como un pato, yo llamo a ese ave un pato.”
-James Whitcomb Riley, (1849-1916)

Recientemente, la presidenta del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Ángeles Carmona, ha realizado unas declaraciones en tono de poseer la verdad absoluta, sobre las diferencias entre la llamada violencia de género y la violencia doméstica en las que da por demostradas y evidentes cosas que no son ciertas según la literatura acerca de la violencia de pareja  ni según lo que sabemos sobre la psicología humana. Carmona básicamente lo que hace es repetir la doctrina feminista sobre la violencia de pareja, el llamado paradigma de género, postura que ha demostrado no estar apoyada por los hechos. Por ello, creo que es conveniente señalar algunas cosas al respecto.

                         I


Una de las afirmaciones de Carmona es la siguiente: “la violencia de género tiene unas raíces completamente diferentes a la “intrafamiliar” y merece un trato diferenciado”. Según la exposición de motivos de la Ley de Medidas de Protección Integral contra la violencia de género, en España se considera que la violencia de género es: “se trata de una violencia que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas por sus agresores carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión”. Además, siguiendo a la ONU, la define ampliamente como una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres y hombres. Esa situación de desigualdad es el patriarcado y la ideología que la sostiene el machismo así que para resumir me referiré a la causa de la violencia de pareja, según el feminismo, como el machismo o el patriarcado y la solución a la misma sería más feminismo, como han repetido líderes políticos hace poco. El planteamiento de esta doctrina feminista es binario: los hombres son los perpetradores de la violencia y las mujeres las víctimas (las mujeres no son agresivas más que en respuesta a la violencia de los hombres).

Se considera por tanto que la violencia que ejercen las mujeres sobre los hombres no es violencia de género y tampoco lo es la que ejercen hombres contra hombres o mujeres contra mujeres en las relaciones entre parejas del mismo sexo. Estas otras formas de violencia están consideradas en España como violencia doméstica. A lo largo de la entrada yo me voy referir a la violencia de pareja y no voy a entrar en la violencia doméstica más amplia a nivel intrafamiliar (violencia de padres a hijos o de hijos a padres o entre otros familiares).

Así que lo que nos está diciendo Carmona es que la violencia que ejercen los hombres contra las mujeres en parejas de distinto sexo tiene unas causas totalmente diferentes a la que ejercen las mujeres contra los hombres en las relaciones entre parejas de distinto sexo y también diferentes a la que ejercen hombres sobre hombres y mujeres sobre mujeres en las relaciones entre parejas del mismo sexo. ¿Es esto cierto? Pues no. Para empezar, hay estudios desde los años 70 del siglo pasado que demuestran que las mujeres son perpetradoras de violencia de pareja con una frecuencia similar a los hombres y que la mayor parte de la violencia de pareja es bidireccional. Citaré dos estudios recientes, uno en Canadá y otro en seis países europeos. El primero concluye que se necesita un esquema que incluya tanto la violencia masculina como femenina y que tratar la violencia de pareja no es un juego de suma cero en el que abordar la violencia que sufren las víctimas masculinas suponga negar atención o recursos para las víctimas femeninas. El segundo concluye: “Los resultados apoyan la necesidad de considerar a hombres y mujeres tanto como víctimas potenciales como perpetradores al abordar la violencia de pareja”.

Pero se ha investigado también cuáles son las motivaciones de hombres y mujeres para cometer la violencia de pareja y lo que se encuentra es que hay más similitudes que diferencias. Por ejemplo, este estudio analiza las motivaciones para la violencia de pareja en hombres y mujeres detenidos por violencia doméstica y derivados a programas para maltratadores. Concluye: “hombres y mujeres refieren similares motivos para la perpetración de las agresiones”. O tenemos este metaanálisis de 580 estudios que compara 60 marcadores de riesgo de violencia de pareja en hombres y mujeres: sólo 3 de los 60 marcadores difieren de forma significativa entre hombres y mujeres. Y son que el consumo de alcohol, sufrir o presenciar maltrato en la infancia y un patrón de relación de pareja llamado de demanda/retirada se asocian más a la violencia en el caso de los hombres. Los autores concluyen: “Nuestros resultados sugieren que hay más semejanzas entre hombres y mujeres que diferencias en los marcadores de riesgo para la perpetración de violencia de pareja”. Por supuesto, hay más estudios, que replican estos resultados, como el estudio PASK pero no vamos a ser exhaustivos (ver también aquí).

Pero vamos a analizar un poco más en profundidad el planteamiento feminista. Lo que este planteamiento nos dice, por ilustrarlo con un ejemplo, sería lo siguiente:

  • cuando un hombre mira el móvil de su pareja a ver si habla con otra persona o qué hace lo está haciendo por el patriarcado, es decir: “por la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, etc.”
  • cuando un hombre mira el móvil de su pareja gay no lo estaría haciendo por el patriarcado sino supongo que por la emoción humana conocida como celos, por necesidad de control de su pareja, etc.
  • cuando una mujer mira el móvil de su pareja mujer o el de su pareja hombre entonces también sería por celos u otras causas de la psicología humana.

Es decir, los motivos para una misma acción serían diferentes si los realiza un hombre sobre una mujer que en el resto de casos. ¿Es esto creíble? Pues difícilmente. Para empezar, tenemos datos de que las mujeres son tan controladoras como los hombres, como este estudio de Liz Bates y cols. (ver presentación PowerPoint aquí) y también informan de más agresión física y verbal. Es decir, no se confirma que los hombres sean más controladores (como dice la perspectiva feminista) ni que la conducta de control de la pareja esté ligada a violencia de pareja sólo en los hombres. Los autores concluyen que los datos lo que dicen es que la violencia de pareja no tiene una etiología especial y que se entiende mejor dentro del mismo contexto de otras formas de agresión.

Profundicemos un poco más en lo que la teoría feminista está diciendo implícitamente, aunque no explícitamente, sobre el origen de la violencia. Se supone que todos los seres humanos venimos al mundo con una serie de emociones y mecanismos psicológicos, como los celos, como comentábamos. Estos mecanismos serían los que causan la violencia en todos los casos menos en el de la violencia de los hombres sobre las mujeres. Es decir, en el momento en que el cerebro de un hombre queda infectado por el machismo se vuelve inmune y resistente a un montón de factores que se asocian a la violencia en general y también a la violencia de pareja. A ese cerebro ya no le afectan trastornos mentales como la depresión, la suicidalidad, los trastornos de personalidad, la psicosis, el consumo de alcohol y drogas, la experiencia de abusos infantiles, etc. Ese cerebro sólo actuaría por machismo.

Si fuera verdad, esto sería fascinante porque si descubriéramos el mecanismo por el que el cerebro de un hombre machista se vuelve resistente a todos esos factores (alcohol, psicopatología, etc) podríamos utilizarlo para tratar y disminuir el impacto de los trastornos mentales o el consumo de tóxicos en la población general. Se abriría una línea de investigación muy interesante. El problema es que no tenemos ninguna evidencia de que eso sea así, sino que los datos lo que apoyan es que los factores implicados en la violencia de pareja entre hombres y mujeres de cualquier sexo y orientación sexual son esencialmente los mismos, como venimos comentando y vamos a ver más abajo.

Para cerrar esta primera reflexión sobre las raíces de la violencia de pareja que, según el feminismo, estarían en el “machismo”, recordar que nos encontramos con la paradoja nórdica según la cual, países como Suecia con una igualdad mayor entre los sexos y un nivel de sexismo a nivel social mucho menor resulta que presentan tasas de violencia de pareja más altas que España. Acaba de publicarse un estudio al respecto que concluye: “Nuestros resultados muestran que la mayor prevalencia de violencia de pareja física y sexual contra la mujer en Suecia que en España refleja diferencias reales y no es resultado de un sesgo de medida, apoyando la idea de la ‘Paradoja Nórdica’.

                       II

Dice Ángeles Carmona también que no hay que confundir la violencia de género con la violencia doméstica, que es de Perogrullo. Se refiere a no confundir los conceptos y ya he defendido que esa división planteada por el feminismo no se sostiene. Pero al hilo de esa afirmación, y aunque ya sé que no es a eso exactamente a lo que se refiere Carmona, quería comentar algo que se suele olvidar: que la forma en que se manifiesta la “violencia doméstica” (por ejemplo la de un hombre sobe su pareja hombre o la de una mujer sobre su pareja mujer) es indistinguible de la del hombre sobre la mujer. Si yo describo un caso de violencia de pareja con iniciales es imposible saber si se trata de un caso de violencia de género o doméstica. Me parece interesante insistir en este punto. Voy a poner un ejemplo:

“El 28 de Enero de 2001 F.R. mató a M.D. de un tiro por la espalda y luego se suicidó empleando la misma arma. Junto a su cadáver se encontró el arma del crimen, así como una nota en la que explicaba las razones de su acción. En la carta, F.R. se lamenta de vivir «un amor incomprendido» y advierte a M.D. de que «si no eres para mí, no serás de nadie». Según fuentes policiales, M.D. había comunicado recientemente a F.R. que pensaba romper su relación sentimental”.

Bueno, podemos poner muchos otros ejemplos pero lo esencial es que por lo que las personas hacen o dicen no podemos saber si los hechos se corresponden a la distinción que hace nuestra ley entre violencia de género o doméstica. Si el agresor es un hombre y la víctima una mujer será violencia de género, de cualquier otra manera será doméstica. ¿Por qué? Pues porque hemos decidido de antemano que es así. En este caso concreto las dos personas son hombres. Y nos encontramos con la situación absurda de que si la frase “si no eres mía no serás de nadie” se lo dice un hombre a una mujer la causa de ello es el Patriarcado pero si se lo dice un hombre a un hombre, una mujer a una mujer o una mujer a un hombre entonces la causa es…

Todo esto lo que nos indica es que la llamada violencia de género que supuestamente se dirige contra las mujeres por el mero hecho de serlo no es tal sino que es una violencia que  se dirige contra las parejas, porque puede ocurrir en parejas de todo sexo, orientación e identidad sexual. En este artículo sobre feminicidios cometidos por mujeres se describen varios casos de feminicidios o intento de feminicidio y si el autor fuera un hombre y la víctima una mujer serían indistinguibles de la llamada violencia de género. Los autores del artículo dicen: “en los 9 casos, la violencia física anterior, las conductas de control, los celos, el alcohol y las drogas y terminar la relación fueron antecedentes consistentemente reportados del incidente” o “los factores identificados y  descritos en estos casos de mujeres asesinadas o casi asesinadas por una pareja mujer son sorprendentemente similares a aquellos que ocurren entre mujeres asesinadas por una pareja masculina”.



Conclusiones

La conducta de los demás es un recurso muy importante para nosotros, similar a otros recursos como el alimento o el dinero. Gran parte de nuestro comportamiento va dirigido a conseguir de los demás una conducta que nos venga bien a nosotros, pero esto está contrarrestado por los intentos de las otras personas de conseguir de nosotros una conducta que a ellos les venga bien. En particular, la conducta de la pareja es algo tremendamente importante para la mayoría de las personas (sean del sexo, orientación o identidad sexual que sean). Esta situación genera conflictos en las parejas y otras relaciones, y algunas personas (por razones complejas y multifactoriales) pueden recurrir a la violencia para conseguir sus objetivos. Esto puede pasar en todo tipo de parejas.

Pero el movimiento de la violencia de género es un componente icónico y central del movimiento feminista y el feminismo es un componente central de la estrategia de ciertos partidos políticos. Su planteamiento binario de que los hombres son perpetradores y las mujeres víctimas se ha demostrado erróneo ya desde los años 70 del siglo pasado pero el feminismo ha respondido a la realidad de los datos aparecidos en las últimas décadas con una “estrategia de contención”, de negarse a aceptar la violencia ejercida por las mujeres y que los hombres puedan ser víctimas. También evitan el hecho de que la violencia de pareja es por lo menos igual de frecuente en parejas del mismo sexo porque  esto pone en evidencia que la violencia de pareja no tiene que ver con el género porque ocurre en las parejas de todos los sexos y orientaciones sexuales.

Ha habido planteamientos desde el propio feminismo para abandonar esta estrategia de contención o de enrocamiento y aceptar la violencia ejercida por las mujeres y por hombres sobre hombres y mujeres sobre mujeres, como éste reciente de Jamie Abrams, pero no ha dado ningún fruto y no parece que lo vaya a dar a la corta. Hay mucho miedo a perder fondos para programas, a perder una identidad colectiva que esta ideología de género ha generado y a perder fuerza política para imponer un discurso y una narrativa. El feminismo de género domina el gobierno, las instituciones (como la del CGPJ, según estamos viendo), la acción de los partidos políticos, etc., así que no es probable que abandone una situación de poder. Probablemente, sólo una actuación organizada de colectivos de hombres y de colectivos LGTBI podría ejercer la suficiente presión para que se produzcan cambios pero no parece que nada de eso se encuentre en el horizonte.

@pitiklinov




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